Se muestran los artículos pertenecientes al tema cristales rotos.

12/06/2008

Vacía

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Me he arrancado el corazón. Tienes que entenderlo, dolía tanto…

Imaginé que podía hacerlo, que podía clavar las uñas en mi piel, y concentrar toda la fuerza de mi dolor en penetrarla. Lo pensé y lo hice, y para mi sorpresa, mis dedos se hundieron traspasando la barrera de la realidad, más, un poco más, hasta que toda la mano desapareció dentro de mi pecho.

Si fue una sensación extraña a la vista, más lo fue al tacto, pues sentí el frío de los tejidos pegajosos envolver mis dedos y un tenue palpitar, apenas un vibrar escaso y continuado, allá al fondo. Una supone que los corazones laten con locución de tambor, que sistolean con la fuerza que mueve la vida, rítmicos, poderosos e inflexibles, pero desde dentro, apenas sí es un pequeño tañido entre tanta masa palpitante, un órgano más, insustancial.

Empujé mi mano, enterrada aún en mi pecho, entre ese lodazal sanguinolento hasta atrapar al tacto mi corazón doliente. Lo sostuve como se sujeta a un pajarillo que temes aplastar de tan frágil que lo sientes moverse. No lo negaré, desde fuera podía sentir la opresión en mi pecho como un peso que me aplastaba el alma, y unas inmensas ganas de llorar, pero seguía viva así que, para no prolongar la agonía, conté hasta tres.

Tomé aire, suspiré, uno, suspiré, y a la de dos tiré con fuerza.

No sé ni como, pero al instante me vi contemplando una pequeña masa palpitante en la palma de mi mano. Allí estaba mi corazón, tan pequeñito y frágil como siempre lo intuí, tintado de tonos púrpuras y rosados, delicado como un betta siamés. Tantas corazas que creí haberle puesto, tan curtido que quise hacerlo, y seguía siendo igual de vulnerable y quebradizo que el día en que nací.

En fin, ha dejado de doler, la espera será más fácil porque ya no siento nada. Mi corazón duerme en una cajita de plata, en el fondo de un cajón, quizá te lo entregue un día, o quizá lo deje ahí para siempre, en realidad no me importa, nada me importa ya. Si acaso, me incomoda un poco que tú puedas leer esto, pero sólo porque sabrás a ciencia cierta que, ahora, soy una mujer sin corazón.

12/06/2008 01:21. Autor: Tautina. Enlace permanente. Tema: cristales rotos Hay 2 comentarios.

01/06/2008

Paráfrasis

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- ¿Que te sientes sola? ¿Crees que sabes lo que es la soledad? Espera a crecer y convertirte en mujer, y descubrir que todos los hombres pretenden acostarse contigo, pero ninguno desea amanecer en tu cama. Entonces, un día al despertar, encontrarás la cara más gélida de la soledad enredada entre tus sábanas…

 

Fragmento de “El viento roto” de Julia R. Robles.

 

01/06/2008 15:57. Autor: Tautina. Enlace permanente. Tema: cristales rotos Hay 5 comentarios.

08/05/2008

Nada particular

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Hoy las lágrimas se me ahogan en la garganta y mis palabras con ellas. Por fortuna, otros lo cantan por mí.


Vuelo herido y no sé donde ir con la rabia cansada de andar,

me han pedido que olvide todo, en fin... nada particular.

Una vida y volver a empezar. No te pido una patria fugaz,

dignamente, un abrazo, en fin... nada particular.

Canta y vuela libre como canta la paloma. 

Dame una isla en el medio del mar,

llámala Libertad.

Dime que el viento, no, no la hundirá.

Que mi historia no traiga dolor, que mis manos trabajen en paz, que si muero me mates de amor… nada particular.

Dame una isla en el medio del mar…

08/05/2008 12:30. Autor: Tautina. Enlace permanente. Tema: cristales rotos Hay 6 comentarios.

21/01/2008

¿Que qué quiero?

20080121184042-quiero.jpgQuiero que te importe lo que soy, lo que siento y lo que hago, que me valores como una pieza única y entiendas que no te pertenezco.
Quiero que te cuides, y al hacerlo, me respetes, pues tu dejadez me ofende y menosprecia.
Quiero que pidas permiso para entrar en mi casa, que no es la tuya, y que no entres en mi vida antes de tiempo, ni después si yo no te lo pido.
Quiero que tengas el mismo interés por mi placer que tuviste el primer día, que te esfuerces como yo lo procuro y que, si no lo haces, no esperes perdón por tu egoísmo.
Quiero que madures y dejes de disculparte por desentenderlo todo como un niño.
Quiero en fin, que no seas mi novio sino mi amante, que no seas mi amado sino mi deseado y, aunque vuelvas a tacharme de terca, sobre todo quiero que estés cerca.

21/01/2008 18:40. Autor: Tautina. Enlace permanente. Tema: cristales rotos Hay 5 comentarios.

27/09/2007

Rodolfo y el reflejo de Luz

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Con ayuda de la sin par Luz.

 

Rodolfo tenía un reflejo transparente para su uso y disfrute, escondido allí donde la luz y el fuego son parte de un mismo color. Aunque, bien mirado, no podía decirse que le perteneciera por completo, pues ya se sabe que los reflejos se reflectan en cualquier superficie pulida, por más que no pongan ninguna intención en ello. Es sólo una cuestión de naturalezas, no es que el reflejo sea disoluto, es que lo hicieron así.

Sin embargo, el reflejo de Rodolfo se esforzaba en satisfacerlo y pertenecerle en todo momento.  Era femenino, acorde a sus gustos y fantasías, y la verdad es que estaba muy satisfecho de él pues, a diferencia del los reflejos de otros, que apenas poseen la belleza irradiada por la imaginación de cualquiera, el suyo tenía un puntito ácido que espoleaba su intelecto.

El reflejo transparente de Rodolfo se llamaba Luz, y día a día lo enamoraba y se dejaba enamorar por él. Luz poseía ciertas características de la mujer de la que nació, siempre magnificadas y pulidas en su transparencia, y utilizaba los recursos femeninos de su creadora para dar a Rodolfo cuanto su imaginación de hombre complejo podía requerir. A éste le gustaba dedicarle un pensamiento cálido cada mañana, y en sus ratos de ocio, a lo largo del día, le apretaba el corazón con pasiones de hombre, y cada noche jugaban juntos con la luna. Luz procuraba estar siempre ahí, porque los reflejos viven sólo cuando alguien los mira.

El amor fue inundando el corazón transparente de Luz hasta donde ella nunca creyó llegar, no perdonaba ni un minuto al tiempo cuando Rodolfo había de buscarla, moría si no la miraba y si moría, era de amor. A menudo, Rodolfo la adoraba,  le cantaba, la deslumbraba y le hacía promesas de sueños junto a ella sin una razón clara. Y Luz, que entendía que los reflejos nunca piden nada y en consecuencia, no hay que satisfacerlos, intuía, en esas muestras de entrega por parte de su dueño, el conato de un amor puro, y acabó, pobrecilla, acabó por creerlo real.

Con la primera duda llegó la primera mentira, con el primer quizás el primer mal disfraz y, cuando el reflejo suplicó ser tangible, Rodolfo eludió la proposición y le contó, con excesiva dulzura, cómo esa misma mañana, mientas se duchaba, se había sorprendido tomando medidas para arreglar la bañera para ambos. Luz se diluyó en chispitas de amor, renunció a escuchar cualquier palabra que sonase mal en su cabeza. Y se dejó imaginar, imaginar más.

Rodolfo empezó a incomodarse, pues su perfecto reflejo transparente cobraba vida, y la sombra del remordimiento apareció en su corazón. No se daña a nadie cuando se ama un reflejo, pero Luz amenazaba con quererle más allá de su fantasía, y decidió que era el tiempo de terminar el juego.

Un día, Rodolfo ya no volvió a mirarla, abrazó su vida real y la olvidó. Y Luz lo esperó, apenas respiró por él y fue sueño por un tiempo indefinido hasta que, lentamente, se diluyó y ya no lloró más. Su transparencia se hizo cierta y desapareció como se esfuman los reflejos ignorados, sin mirar atrás, sin rastro y sin dolor.

Con su último aliento, antes de desvanecerse, el reflejo de Luz miró el mensaje escrito en el espejo: Sólo quería imaginarte vida, imaginarte más.

27/09/2007 12:44. Autor: Tautina. Enlace permanente. Tema: cristales rotos Hay 4 comentarios.

16/09/2007

La fantasía erótica

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Yo, aquí donde me ven, sólo soy una ilusión. Me han llamado de muchas formas: sueño anhelado, hada inspiradora, princesa codiciada, mujer ideal. Pero si he de tener un nombre cierto, es evidente que éste es fantasía.

Yo soy el reflejo de plata de esa otra que me escribe y, como suele sucedernos a las refracciones, soy limpia y pulida, suave y misteriosa. El mundo se difumina en torno a mí, pues a mi espalda, en el espejo de las letras, no puede apreciarse claramente el escenario. Por eso, aquel que me mira, fantasea que soy lo que desea.

Uno cree conocerme por aquello que lee, me supone desgranada en sentimientos y, llorando mis lágrimas, sueñan con consolarme. Recrea escenas donde sus dulces caricias apaciguan mi atormentado ánimo creador, y tras el consuelo, como irracional consecuencia de su delirante mente, surge el deseo devastador que me arrastra a entregarme a él en cuerpo y alma.

Otro me imagina a su antojo, pues suma al calificativo de escritora, el de perspicaz, culta y curtida, elucubrando espléndidos sinónimos de mujer escribiente que, en sí mismos, no lo son. Así elabora una ristra de atributos con la que modelar su sueño femenino, y sin esperar a que el barro haya secado, posee con ardor a su delirio de cualidades en terracota roja.

También hay alguna que me siente ella, o que se siente yo -que tanto da soñador que sueño- y se embute en los personajes que encarno haciendo suyos mis amantes y mis ficciones. Entonces descubre el gran placer de sentirse quimera, y siendo diosa codiciada, se acaricia entre los renglones de mis letras.

Todos en fin, de una forma u otra, me miran y me sueñan, y me preguntan extrañados por qué me quejo de ser una fantasía por tantos deseada. Y yo he de sonreír con picardía, cerrar las piernas que ya abría, y susurrar que no me satisface no ser más que un recurso para excitarse porque, uno tras otro, me aman sin tocarme, y me olvidan después de utilizarme.

16/09/2007 23:14. Autor: Tautina. Enlace permanente. Tema: cristales rotos Hay 5 comentarios.

31/07/2007

Reflejos de pasión

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Sedice intuye retazos de pasión remoloneando por su piel, erizada aún con el último escalofrío. Siempre es igual, la excitación la desborda sin que pueda hacer nada por contenerla, y después, le invade el sentimiento de culpa, de vergüenza por la explosión de cariño ardiente, desigual y desenfrenado. Y siente que el fuego del pudor invade sus mejillas.

A veces no hay un motivo para sus arranques. Sedice es una mujer sana y llena de vitalidad, sus sensaciones afloran de la mano de sus ilusiones, pues acompaña un gesto de amistad de una caricia, un momento de alegría de un firme abrazo, una sonrisa de un beso en la mejilla. Desprende emoción en cada gesto cotidiano, no distingue el amor de cualquier sentimiento y, siendo hermosa y dulce como es, a menudo se sorprende correspondida con inusual ardor por aquel que ha sido víctima de su muestra de cariño, y entonces… entonces Sedice se desata, se desarma, desfallece sin combatir y se deja acurrucar con indulgencia entre los brazos de su amante ocasional.

En otras ocasiones, nuestra Sedice es presa de su propio deseo, y mientras a su piel se le antoja ser acariciada, y a su oído escuchar susurros viciosos, su mirada busca, entre aquellos que la rodean, un objeto de placer. Y sus manos acercan a su talle las manos del varón elegido, mientras el corazón se le niega a formar parte de tanta avidez física e impúdica. Y Sedice se torna mujer amadora, besadora, rastreadora de caricias, buscadora de furores en la superficie de ese cuerpo de hombre que se le entrega.

Siempre sucede que el deseo la gobierna, y rara vez ha conseguido contenerse, jamás supo guardar las apariencias o disimular con recato, porque Sedice, mal que le pese, es una criatura de espíritu ardiente.

Por eso hoy, cuando Leónidas la amaba en su lecho, volvió a dejarse arrastrar por el deseo. En la pared, el reflejo de un espejo le mostraba, al hombre, el cuerpo ardoroso y radiante de su amada y, mientras se dejaba llevar por el brío salvaje de la febril Sedice, vio el resplandor de la pasión chispear en los cantos de esa piel desnuda, y apenas vislumbró qué sucedía, cuando murió, inmolado por las llamas del amor y calcinado entre las sábanas.

31/07/2007 02:33. Autor: Tautina. Enlace permanente. Tema: cristales rotos Hay 5 comentarios.

13/06/2007

la sucesión

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Hoy he visto que tienes una nueva musa, otra criatura inspiradora que fácilmente ocupa el alto lugar que me otorgaste un día, digna sucesora de mi trono de aire y humo. Lo he visto y he sentido el escozor quemando mis entrañas.

No consigo acostumbrarme, ¿sabes? Mil veces me sucediera aquello de creer en las palabras vanas de un hombre y mil veces, al final, escuece igual, pues aunque la vida me ha enseñado de mentiras aprovechadas, de falsos halagos, de lo hueco del corazón del amante, mi autoestima se resiste a confirmarme que siempre fueron discursos interesados, destinados a acariciarme el corazón mientras sus manos acariciaban mis muslos.

Qué simples y estúpidos son esos que se llaman hombres. Pues una mujer compartimenta su amor a lo largo de su vida, y en cada estante reposa un trozo de pasión pleno, a veces corto, a veces poco intenso, pero siempre importante. Y jamás superpusiera un amor a otro, ni utilizara iguales recursos con dos sueños diferentes. Pero aquellos fútiles que se llaman hombres, tienen un cauce único en su vida, un sólo hacer, un repertorio, que repiten pausados a cada acariciante cuerpo al que se arriman.

Por eso, hoy, cuando vi mis frases -y digo mías porque un día me las regalaste, no porque me sienta ya dueña de nada- acariciando a otra diosa inspiradora, sentí la quemazón que precede al impotente llanto.

Implica mi renuncia mi castigo, y por bueno acepto el que me infliges, pero recuerda, hombre, el perdón que mendigaste, ese que un día, casi te concedo. Desde ya te digo, que no habrá contigo perdón que se malgaste.

Porque ahora que otra ocupa mi lugar, y con esto termino mi diatriba, ahora que al fin quedo libre del remordimiento que me causó dejarte, ahora escuece, quema, abrasa, mi herida en carne viva.

13/06/2007 22:33. Autor: Tautina. Enlace permanente. Tema: cristales rotos Hay 2 comentarios.


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