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<rss version="2.0" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"><channel><title>el espejo opalino</title><link>http://espejoopalino.blogia.com/</link><description><![CDATA[ Tautina VaiamallaCierro los ojos y sueño con un mundo distinto que siempre acaba siendo este mismo que habito. 
]]></description><copyright>Copyright</copyright><pubDate>Sun, 22 Nov 2009 01:28:41 -0600</pubDate><generator>http://www.blogia.com</generator><item>
<title>El amante de los preámbulos</title>
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	<pubDate>Sun, 22 Nov 2009 01:22:00 -0600</pubDate>
<category>Reflejos eróticos</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <img src="http://espejoopalino.blogia.com/upload/20091122012234-preambulos.jpg"  class="center" alt="20091122012234-preambulos.jpg" /><p style="text-align: justify;">     Él temblaba como un niño cuando me preguntó, entre bromas, si podríamos hacer el amor en diez minutos. Yo lo veía ahí junto a mí, tan excitado, inseguro y asustado, mirando el reloj, sabiendo que se marcharía en un cuarto de hora y de nuevo, se llevaría intacto su eterno deseo.</p><p style="text-align: justify;">     Siempre que venía a casa sucedía igual. Tomábamos una copa antes de la cena, charlábamos en el sofá, me contaba cuanto me había echado de menos y me hablaba de lo feliz que era a mi lado. Mientras, con esa delicadeza tan suya, me acariciaba la cara, me besaba los párpados, me repasaba el talle arriba y abajo y su voz se tornaba susurro a medida que la apetencia carnal emergía por pura fricción. Estando ya juntos, pegados rostro con rostro, besándonos y sintiéndonos, el bit bit de su reloj alarma nos devolvía a la realidad, y con ella, traía la evidencia invariable de que debía marchase a su casa, con su esposa, hasta la semana siguiente.</p><p style="text-align: justify;">     De nuevo esa situación de amor contenido se repetía, pero hoy, por puro desvarío del destino, disponíamos de diez minutos más. Él me lo hizo saber con una docilidad y timidez tal que yo, que tanto lo quería y me importaba su complacencia, no dudé en darle lo que a mi modesto entender de amante amiga me pedía.</p><p style="text-align: justify;">     Por eso me quité el jersey sin más preámbulos y me senté en sus rodillas, abrazándome a su cuello, y suplicándole que me acariciase. Y respondí a sus suspiros abriendo su camisa y lamiendo con dedicación su pecho. Después, cuando hizo lo propio con el mío, lo acuné en mi regazo, le amamanté como a un niño y deslicé mi mano en su entrepierna. Aún me sobraron unos minutos para desabrochar con destreza su pantalón y llevarlo de la mano casi al vértice del placer, gimiendo y retorciéndose entre mis brazos, más como un león que como un hombre.</p><p style="text-align: justify;">     Pero, de pronto, se desinfló entre mis dedos, empequeñeciéndose hasta la más pura flacidez. Lo miré sin comprender y encontré unos ojos huidizos, culpables de humillación. Quise decirle que no importaba, que sucedía a veces, que eran los nervios. Quise espantar su vergüenza, reparar su orgullo herido de hombre, pero antes de que pudiera decir nada, él se levantó de golpe. Yo, que estaba encima, caí aparatosamente al suelo.</p><p style="text-align: justify;">     &amp;mdash;Menuda golfa estás hecha &amp;mdash;gruñó mientras se abrochaba el pantalón.</p><p style="text-align: justify;">     Y sin una palabra más, se marchó.</p><p style="text-align: justify;">     Cerró de un portazo y ahí me quedé, tirada en el suelo, caliente, expectante y sola, escuchando como se alejaba, al otro lado de la puerta, el bit bit de su reloj alarma.</p>	
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<title>Amor perfecto</title>
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	<pubDate>Tue, 03 Nov 2009 11:48:00 -0600</pubDate>
<category>Reflejos eróticos</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <img src="http://espejoopalino.blogia.com/upload/20091103115128-masturb.jpg"  class="center" alt="20091103115128-masturb.jpg" /><p style="text-align: justify;">      Hay días en que me puede el deseo. La soledad de mi cama se vuelve una soga suave que ata mis muñecas mientras me recuesto sobre el lecho, y me muevo sinuosa entre las sábanas, meciéndome en mis propios suspiros.</p><p style="text-align: justify;">      Te deseo, y ansío el contacto de tu piel rozándome y rozándose con todo mi cuerpo. Te añoro, y busco para ti cada rincón furtivo de placer tranquilo. Mis dedos se guían por el recuerdo de tantas manos y siguen el rastro que dejaron en mi cuello, mi pecho, mi vientre y el nexo acogedor de mis muslos ardientes.</p><p style="text-align: justify;">      Ansío tu boca golosa y tu lengua revoltosa y las rememoro lamiendo mis dedos con deleite, entre suspiros, ávida de ardores y humedades.</p><p style="text-align: justify;">      Y mi amor tranquilo se vuelve primitivo al ritmo de mis propias fantasías. Codiciándote  como te codicio, y sintiéndote dentro de mí guiado por mis dedos conocidos, no puedo evitar sucumbir entre gemidos al delirio que nace entre mis piernas y sube por mi espalda, para estallar en mi cabeza. Mi razón se nubla y mi cuerpo, desnudo y brillante de lujuria, se arquea tensado con las flechas del malévolo Kandarpa.</p><p style="text-align: justify;">      Entonces, sonrío jadeante aún, satisfecha y feliz de tenerte en mi pensamiento, desarreglada y tranquila porque en realidad no existes. A fuerza de método, te he hecho insuperable para el placer y para la armonía de pareja, pues cuando te necesito eres y estás y, cuando no, desapareces.</p><p style="text-align: justify;">      El mío es el mejor amante imaginario que pueda crear la mente humana. Soy la orgullosa dueña del amor perfecto. Soy la mujer más sola de este mundo.</p>	
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<title>El feo Nicoleto</title>
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	<pubDate>Wed, 28 Oct 2009 00:36:00 -0500</pubDate>
<category>Cisuras de cristal</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <img src="http://espejoopalino.blogia.com/upload/20091028003436-feo.jpg"  class="center" alt="20091028003436-feo.jpg" /><p style="padding-left: 90px;">Nicoleto se llamaba <br />ese ser tan especial<br />que a todos desconcertaba<br />con su nombre sin igual.<br />Y tenía Nicoleto,<br />y tenía él, además,<br />unas napias y una tripa<br />que eran ya lo más de más.<br />Semejante personaje<br />no se podía esperar<br />que una hembra se fijara<br />en su porte, tan rural.<br />Sin embargo sucediera<br />que una hembra se fijo,<br />y del sin par Nicoleto,<br />ella fue y se enamoró.<br />Aunque había que mirarla<br />a la fémina en cuestión,<br />que si el Nico era feúcho,<br />ella era con más razón. <br />¡Una cara de caballo&amp;hellip;!<br />¡Un cuerpo de centurión&amp;hellip;!<br />¡Unas piernas de herradura&amp;hellip;!<br />Más que mujer, ¡mujerón!<br />&amp;ldquo;¿Como te llamas?&amp;rdquo;<br />preguntó Nicoleto muy cortés,<br />&amp;ldquo;Mari Fe de las Virtudes&amp;rdquo;<br />contestó con interés<br />la jacona enamorada,<br />e hizo un ademán francés.<br />&amp;ldquo;Anda ya -replicó el Nico<br />riéndose sin parar-<br />tú no te llamas Virtudes.<br />Dime a ver, ¿adónde están?&amp;rdquo;.<br />&amp;ldquo;¿Adónde están lo qué dices?&amp;rdquo;<br />&amp;ldquo;Las virtudes ¿qué va a ser?&amp;rdquo;<br />&amp;ldquo;¿Tú de que vas, Nicoleto?<br />¿Es que te has mirao al revés?<br />Si eres más feo que un mono<br />¿Qué virtudes quíes ver?<br />Dime a qué estas aspirando<br />siendo mulo con ronzal.<br />Si yo fuera moza guapa<br />en ti me iba a fijar&amp;rdquo;.<br /> &amp;ldquo;Mi portento está adentro<br />-dijo airado Nicoleto-<br />hay que buscarlo con tiento&amp;rdquo;.<br />&amp;ldquo;Pos ven pacá que te busque<br />y verás tú mi talento,<br />que si el tuyo está escondío,<br />el mío ya ni te cuento&amp;rdquo;.<br />Así encontraron al fondo<br />el tesoro prometido, <br />este feo y esa fea<br />que al final habían metido.<br />Pues aunque sea pecado<br />ser, más que guapo, bien feo,<br />también gozan -¿Qué te crees?-<br />del derecho al apareo.</p>	
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<title>Los estadios de mi mono blanco</title>
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	<pubDate>Sun, 18 Oct 2009 22:10:00 -0500</pubDate>
<category>Tras el espejo</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <img src="http://espejoopalino.blogia.com/upload/20091018221055-mascuentosparasonreir.jpg"  class="center" alt="20091018221055-mascuentosparasonreir.jpg" /><p style="text-align: justify;">      A veces sucede que mi pensamiento, tan sencillo y figurativo siempre, se me vuelve de pronto abstracto y se me aísla de la razón. Me torno pincel mojado en guache y dibujo trazos fauvistas entre las letras de mi mente en blanco. El resultado es un paisaje onírico de palabras complejas cuyo sentido descansa en lo profundo de un abismo Gauguiniano. Por suerte, semejante paranoia artística sólo me ataca en contadas ocasiones y, puesto que nadie más que yo misma me entiende, pasa desapercibida para el mundo.</p><p style="text-align: justify;">      Pero he aquí que por una vez, sólo una, otros ojos vislumbraron esos brochazos entre las letras y el pequeño hiperbreve <span style="color: #800000;"><em>&amp;ldquo;Estadios de mi mono blanco&amp;rdquo;</em></span>, fue elegido entre casi mil textos de diferentes autores para formar parte de un ameno y apetitoso libro de microrelatos de <a href=" http://www.hipalage.com/ ">la Editorial Hipálage</a>. <span style="color: #800000;"><strong></strong></span></p><p style="text-align: justify;">      <span style="color: #800000;"><strong>Más cuentos para sonreír </strong></span>se llama la obra en cuestión y, tal como reza su publicidad, es realmente alegre, optimista y agradable de leer.</p><p style="text-align: justify;">      Creo yo que no me permitiré más desfases o que, de hacerlo, éstos no llegarán de nuevo a la categoría de letra impresa, así que éste es el plan: si cualquiera de mis cuatro admiradores anónimos desea conservar una joya abstrusa y única de Tautina Vaiamalla, ya puede comprar el libro pulsando el <a href="http://www.hipalage.com/comprar.html">siguiente enlace</a> o, tal como insiste la editorial, en cualquier librería de España.<br />      Después, sólo debéis poneros en contacto conmigo y, muy gustosa, me cortaré una oreja para que veáis cómo semejante tesoro se revaloriza en vuestras manos.</p>	
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<title>Antoñico el de la Pollera</title>
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	<pubDate>Thu, 15 Oct 2009 13:51:00 -0500</pubDate>
<category>Cristales rotos</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <img src="http://espejoopalino.blogia.com/upload/20091015135119-subnormal.jpg"  class="center" alt="20091015135119-subnormal.jpg" /><p style="text-align: justify;">    Pues hoy es obligado que les cuente, porque todo el pueblo habla de ello, que han ingresado al Antoñico, el hijo de la Jose la Pollera; un zagalico retrasado que no tendrá más de quince años, aunque con lo grandote y gordo que está, aparenta sus veinte abriles. Esta misma mañana ha sido, que avisaron a la policía y se lo llevaron de cabeza para el psiquiátrico de la Arboleja. Lo vinieron a detener en la puerta de la carnicería, porque estaba dando voces y golpes en los cristales y asustaba a la clientela que se arremolinaba en el interior sin atreverse a asomar la nariz fuera del comercio.</p><p style="text-align: justify;">    Aunque esté mal reconocer que en estos tiempos todavía existan estas cosas, el Antoñico viene a ser como el tonto del pueblo. Procedente de una familia humilde y con tan pocos recursos como cultura, la Jose la Pollera, su madre, lo ha criado más mal que bien, entre el servicio en una casa y otra, al abrigo de las hermanas mayores o por las calles, según viniera en ocasión. Durante un tiempo les anduvo detrás la asistencia social, pero como el crío no hacía daño a nadie y la madre lo tenía atendido y limpio, acabaron por archivar el caso con una pensión medianita, y una visita dos veces al año al centro social de la zona, para cubrir el expediente.</p><p style="text-align: justify;">    Y la cosa iba bien hasta hace seis meses, que la Pollera se puso mala y se metió en cama, y ahí empezó el zagal a sacar los pies del tiesto.</p><p style="text-align: justify;">      No es que haya sido culpa de él, no, que ha sido más cosa del padre. El hombre, que no tiene conocimiento ninguno, lo veía mayor y se lo llevaba a los bares (porque al Antonio padre le tira más la botella que el respirar). Y entre carajillo para él y cerveza para el nene, el Antoñico se embrutecía y hablaba barbaridades para deleite y guasa de todos los borrachos de la barra.</p><p style="text-align: justify;">    El final de esto se veía venir cuando el padre se quedaba en el bar y mandaba al Antoñico a correr las calles alcoholizado, grito va y grito viene, sin control, ni gobierno. Lo primero que le dio por hacer, fue mearse en cualquier esquina, como los perros, sin atender a razones o amenazas. Y, después, ya que andaba con la cuca fuera, le dio además por enseñársela a todas las crías del pueblo.</p><p style="text-align: justify;">    Y de esta guisa lo han encontrado los municipales esta mañana en la puerta de la carnicería; apestando a coñac, con los pantalones bajados, aporreando el escaparate y diciendo obscenidades a las ancianas que se santiguaban dentro. Dicen que lo han ingresado para siempre, que a su casa no vuelve porque la Pollera a firmado como que renuncia a él y a la pensión que recibía. Con todo el dolor de su corazón lo ha dejado a cargo de la Comunidad Regional por ver si así lo atienden como deben. Dicen que no está en el pabellón de los locos, sino con los deficientes como él, y que en unos meses lo pasarán a otras instalaciones de régimen abierto y ya podrá recibir visitas. Dicen que es de esperar que acabe en un colegio o un centro-escuela de esos donde aprenden una ocupación y que, al final, que se lo hayan llevado va a ser lo mejor.</p><p style="text-align: justify;">    Pero claro, igual lo dicen para calmar la conciencia colectiva porque en realidad, para qué nos vamos a engañar, tanta lástima y tanto preguntar, con lo que se ha zurrido por las calles el caso, era más que nada por saber si al fin descansamos en el pueblo del pobre Antoñico y de su dichosa cuca.</p>	
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<title>Pornografía</title>
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	<pubDate>Mon, 05 Oct 2009 10:51:00 -0500</pubDate>
<category>Cisuras de cristal</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <img src="http://espejoopalino.blogia.com/upload/20091005105058-pornografia.jpg"  class="center" alt="20091005105058-pornografia.jpg" /><p style="text-align: justify;">     Desde que puse el dichoso cartelito de &amp;ldquo;Sólo mayores de 18&amp;rdquo; he ido viendo con sorpresa que ya no sólo las fotos que ilustran mis escritos, sino los textos mismos, se publican en otras webs de dudosa moralidad y corte sexual, siempre citando el nombre y procedencia. Lo que, a pesar de todo, es de agradecer.</p><p style="text-align: justify;">     Ahora suelo encontrarme en otras casas virtuales, a menudo destinadas a la autosatisfacción, mis cuentos más líricos (aquel sobre el despertar de la madre tierra o ese otro acerca del amor de las mascotas), rodeados de enhiestos miembros viriles y mujeres de pechos descomunales que los acogen.</p><p style="text-align: justify;">     Yo ni siquiera quería poner ese cartel, ¿saben? Siempre he sido cuidadosa con la letra y artística con la imagen, y pienso que cualquier jovenzuelo capaz de no aburrirse en la segunda línea con el intrincado simbolismo de mi prosa erótica, se merece, cuando menos, la recompensa de disfrutar de ella. Sin embargo, mi hijo de doce años (que sólo ha visto la página inicial de pasada y jamás leyó un texto), contaminado ya por la doble moral social que nos rodea, tan mojigata y políticamente correcta, me insistió en que pusiese esa advertencia. Y fíjense ustedes en el resultado.</p><p style="text-align: justify;">     ¿Pero cómo habría de extrañarme? Ahora, una serie televisiva de gran éxito tienen asociadas en su título las palabras tetas y paraíso. Resulta tan gracioso&amp;hellip; O esa otra, que sorpresivamente no hace vomitar a nadie, en la que un cuarentón gilipollas seduce a una menor de la edad de su hija y la mía&amp;hellip; No, no es de extrañar la confusión del in crescendo. Los límites entre la travesura, la sensualidad, el erotismo y la pornografía, se difuminan en un lodazal mediocre de exhibicionismo.</p><p style="text-align: justify;">     Incluso mi dulce <a href=" http://www.susanamoo.com/" target="_blank">Susana Moo</a><a></a>, la provocativa princesa de los pies de porcelana, se permite comparar mis palabras de fantasía con su retórica de sexo explícito porque, oye, viene a ser lo mismo, ambas escenas se desarrollan en la cocina. No, Susi, no, lo parece, pero no es lo mismo.</p><p style="text-align: justify;">     Sin embargo, es imposible distanciarse lo suficiente para baremar con buen criterio. Todos (y nos meto en el mismo saco y que se salga el que pueda) andamos inmersos en esta vorágine del quiero y no puedo ser más licencioso, ofensivo, lujurioso, lascivo y, por ende, actual.</p><p style="text-align: justify;">     Creo yo que habrán de pasar cien años para que ésta época nuestra se mire con la imparcialidad que da el tiempo. Otros serán los que pongan la barrera delimitadora entre lo popular y lo vulgar, entre lo perdurable y lo olvidado, entre lo original y lo mediático, entre lo erótico y lo pornográfico que pululó en nuestro momento. Quiera Dios que, aunque sólo sea por mi dignidad y esfuerzo, Tautina Vaiamalla quede al fin a este lado de la línea.</p>	
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<title>Los hombres no saben nadar</title>
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	<pubDate>Mon, 28 Sep 2009 14:12:00 -0500</pubDate>
<category>Cristales rotos</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <img src="http://espejoopalino.blogia.com/upload/20090928141227-cobarde.jpg"  class="center" alt="20090928141227-cobarde.jpg" /><p style="text-align: justify;">     ¿Qué sirena no ha soñado, harta de cobardes tritones, con el amor de un hombre adulto? ¿Cuál de ellas no deseó alguna vez que un caballero de los de antaño, hombre digno y consecuente, se dejase embaucar por su canto?</p><p style="text-align: justify;">     También yo soñé mil años con ese navegante intrépido que llegase hasta mi roca sin amilanarse, que arrancase a mordiscos mi cola y encontrase, al fin, a la mujer que se esconde tras las escamas de plata.</p><p style="text-align: justify;">     Lo soñé, sí. Pero el tiempo y la experiencia me enseñaron que una hechiza con su canto al viajero que se le cruza en el mar, que lo mece en olas de fantasía mientras el viento es favorable, pero que luego, debe arrastrarlo hasta las rocas para abandonarlo allí a su suerte. Tal es el sino de la sirena. Y tantas veces que intenté cambiarlo, casi pereció mi corazón empujado por su barco a la deriva.</p><p style="text-align: justify;">     Debes saber, mi pequeña aprendiz, que el hombre adulto, como el tritón, es temeroso de todo aquello que desconoce, y se encoge como un pececillo asustadizo al primer chapoteo. Se aferra a su barcaza cotidiana, a veces solitaria, a veces poblada de obligaciones, pero siempre triste, porque el mar le parece muy inmenso.</p><p style="text-align: justify;">     Y no te engañes creyendo que espera tu mano para tomar nuevo rumbo, o que serán suficientes tus promesas de un mundo maravilloso bajo el mar. Si acaso embrujado por tu canto, la mano del hombre llegase a tocar el agua fría, lo verás retraerse como el cangrejo en su concha y susurrar estúpidas excusas:</p><p style="text-align: justify;">     &amp;ldquo;Si abandonase el barco se rompería y nada me quedaría&amp;rdquo; ,&amp;ldquo;mi tripulación es jovencita y me necesita&amp;rdquo;, &amp;ldquo;estoy atado al palo mayor para la eternidad, por las cadenas de mi fingida realidad&amp;rdquo;&amp;hellip;</p><p style="text-align: justify;">     No te engañes, pequeña, ningún hombre se lanzará al mar por ti. Que su miedo no haga mella en tu orgullo, aunque te erijan en única responsable de su cobardía. Lo cierto es que, algunos hombres adultos, nunca aceptarán su verdadera maldición. Ellos no saben nadar, aunque sigan soñando con sirenas.</p>	
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<title>La mujer que hay en mí</title>
	<link>http://espejoopalino.blogia.com/2009/092001-la-mujer-que-hay-en-mi.php</link>
		<description><![CDATA[      La mujer que hay en mí hace castillos en la arena, e imagina que es la concha  de nácar que habita esa fortaleza en miniatura. Otras veces, amontona piedrecitas a la orilla del camino, y se torna de nuevo e... 
]]></description><comments>http://espejoopalino.blogia.com/2009/092001-la-mujer-que-hay-en-mi.php#comments</comments>
	<pubDate>Sun, 20 Sep 2009 15:06:00 -0500</pubDate>
<category>Brillos de plata</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <img src="http://espejoopalino.blogia.com/upload/20090920150551-mujer-alas.jpg"  class="center" alt="20090920150551-mujer-alas.jpg" /><p style="text-align: justify;">     La mujer que hay en mí hace castillos en la arena, e imagina que es la concha  de nácar que habita esa fortaleza en miniatura. Otras veces, amontona piedrecitas a la orilla del camino, y se torna de nuevo en ser diminuto, tan pequeña como una abeja, para escalar la montaña y colarse por cada recoveco entre esas piedras. Y así, fantasea ser minúscula a cada poco.</p><p style="text-align: justify;">     La mujer que hay en mí atesora flores secas en los libros viejos. Cuando descubre una de ellas con los años, la observa con atención y el corazón encogido de emoción. La coge delicadamente, le da vueltas, la huele y la apoya en el hueco de su mano como una frágil joya, para después esconderla de nuevo en otro libro y volverla a olvidar.</p><p style="text-align: justify;">     La mujer que hay en mí no es adulta responsable, sino chiquilla traviesa e insufrible. Es amiga de la broma del &amp;ldquo;aquí te pillo, aquí te asusto&amp;rdquo;, de peleas con cojines, de la mano mordedora, y de jugar con las muñecas de su hija, que viste amorosamente cuando las ordena en el baúl. Caprichosa con aquello que se le antoja, frunce el ceño cuando no lo consigue y busca con sagacidad la vuelta de la situación que le permita salirse con la suya.</p><p style="text-align: justify;">     La mujer que hay en mí es profunda y pensadora, pasa muchas horas hablándose mientras sus manos se entretienen en la monotonía. Se pierde dentro de sí misma, se cuenta sus miedos y sus sueños, y se contesta verdades y mentiras. Se habla y se escucha, se riñe y se estima, se abate y se alienta, sin que nadie de fuera pueda llegar a imaginar lo que acontece en su interior.</p><p style="text-align: justify;">     La mujer que hay en mí es toda ella sapiencia en desarrollo, que atiende con ojos de búho cualquier resquicio de cultura que pase por su lado. Observa, escucha y absorbe cuanto pueda enseñarle aquel o aquello con que se cruce, y aprende, aprende ávida, pues conoce la gran verdad de saber que nada sabe.</p><p style="text-align: justify;">     La mujer que hay en mí se siente, sobre todo, artista. Ve las emociones de los colores, aprecia las texturas de lo que roza, y percibe el alma de  aquellos objetos que poseen alma. Sabe hablar con la luna, respirar la noche, escuchar al viento, adivinar las mentiras de las nubes, beber la lluvia y venerar al mar. Conoce el susurro de los hados, la magia de la elaboración y el leve destello del talento.</p><p style="text-align: justify;">     Así pues, en mí habita un hada, una guardiana de tesoros, una niña, una mística y una sabia. Pero bien haría el mundo con postrarse en mi presencia, pues conforme descubro, sobre todas las yo que en mí viven, reina el alma fuerte y libre de una creadora generosa. Y eso, pobres mortales, me convierte a vuestros ojos en venerada diosa.</p>	
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<title>En mi cocina</title>
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		<description><![CDATA[      A veces pasa, mientras cocino, que mis manos se mueven mecánicamente, removiendo el guiso, y la mente se me pierde en los laberintos de mi imaginación.      Y entonces pienso en ti, que llega... 
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	<pubDate>Sat, 12 Sep 2009 14:08:00 -0500</pubDate>
<category>Reflejos eróticos</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <img src="http://espejoopalino.blogia.com/upload/20090912141230-culo-cocina.jpg"  class="center" alt="20090912141230-culo-cocina.jpg" /><p style="text-align: justify;">     A veces pasa, mientras cocino, que mis manos se mueven mecánicamente, removiendo el guiso, y la mente se me pierde en los laberintos de mi imaginación. <br />     Y entonces pienso en ti, que llegas por detrás para abrazarme suave y besar mi nuca. Pasas una mano por mi cintura y con la otra me retiras el cabello, tan delicadamente que, antes de sentir tus labios, ya me estremecen las yemas de tus dedos. <br />     Y comenzamos un suave baile contrapuesto, yo de espaldas a ti y tú frente a mi espalda, vaivén acompasado sin miradas cruzadas, pues yo vigilo la olla y tú, quién sabe si andarás espiando tras la curva de mi cuello. <br />     Aún así, sin mirarme, me diriges con esa mano que abandonaste sobre mi ombligo, moviendo nuestras caderas a derecha e izquierda, y me besas, bajando del cuello al hombro y vuelta a subir. <br />     Y siento que cambias el paso para rozarte contra mí, y esa mano abandonada, que dejó atrás mi vientre y ya pasea indiscreta sobre mi pecho, cobra vida, atrayéndome hacia ti, mientras tu cuerpo me empuja sobre la encimera. <br />     Se diría que quieres atravesarme con tus envites, se diría incluso que quieres herirme, porque tus besos ahora muerden, tus manos pellizcan y la dulzura de tus palabras se ha tornado urgencia. Un &amp;ldquo;te deseo&amp;rdquo; resuena en mi cabeza y me estremece.<br />     Entonces tomo aire, suspiro y, de pie, tal cual estoy, acaricio mi tobillo izquierdo con el empeine de mi pie derecho. Todo se difumina, la olla borbotea, y sonriendo, vuelvo a remover el guiso, en mi cocina.</p>	
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<title>Tengo un manto</title>
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	<pubDate>Tue, 01 Sep 2009 13:33:00 -0500</pubDate>
<category>Cisuras de cristal</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <img src="http://espejoopalino.blogia.com/upload/20090901133326-manto.jpg"  class="center" alt="20090901133326-manto.jpg" /><p style="text-align: justify;">     Tengo un manto espeso que cubre mis espaldas, dicen que es de hierro y seda, forrado en terciopelo. Lo anudo al cuello con lazada de oro, y cubro con su capuz mis pensamientos. Con él me abrigo, y me protejo, quedando a salvo de dañinos sufrimientos, pues es tan grueso, tanto, que llevándolo ni siento ni padezco.<br />     Mi manto crece cada vez que lo deseo, y arropa en su abrigo a aquellos que más quiero porque, dentro de su abrazo, nadie corre riesgo. Crece sí, pero cuesta retenerlo, y cuanto más grande se hace, aún es más intenso. Su peso me incomoda y me estrangula la fuerza de su abrazo en mi pequeño cuello.<br />     A veces me pregunto si no sería mejor quitarme el manto, dejar mi corazón al descubierto, librarme de este peso que me ahoga, apartar a los míos de su efecto. Me lo pregunto pero no me muevo, ni hago un vago esfuerzo por descoserlo.<br />     Es el mío un manto valioso, costeado con el sudor de muchos años, tejido de dolor y desconsuelo. Me lo dio una vieja amiga hace ya tiempo. Soledad dijo llamarse, y yo la creo.</p>	
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