Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2008.

Resumen

Paráfrasis

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- ¿Que te sientes sola? ¿Crees que sabes lo que es la soledad? Espera a crecer y convertirte en mujer, y descubrir que todos los hombres pretenden acostarse contigo, pero ninguno desea amanecer en tu cama. Entonces, un día al despertar, encontrarás la cara más gélida de la soledad enredada entre tus sábanas…

 

Fragmento de “El viento roto” de Julia R. Robles.

 

01/06/2008 15:57. Autor: Tautina. Enlace permanente. Tema: cristales rotos Hay 5 comentarios.

El deber y el placer

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Deberías saber que nada valoro más que el roce de tus labios en el contorno de mi nuca al despertar, cubriéndome de besos protectores que apartan de mi pensamiento la amenazadora soledad.

Deberías saber que te creí cuando dijiste que estarías junto a mí, todo el tiempo dijiste, sabiéndote tan lejos y sintiéndote tan cerca.

Deberías entender que mi cama es inmensa y fría cuando estoy sola, y que cada día despierto furiosa con el mundo por ese hecho.

Deberías pensar que tus buenas intenciones y tus promesas de amor invisible no abrigan mis sueños.

Deberías haberme comprendido, conocido y sentido, y haberte esforzado un poco más antes de volver a defraudarme.

Deberías estar durmiendo junto a mí esta noche.

Deberías estar…

Deberías…

 

 

09/06/2008 12:19. Autor: Tautina. Enlace permanente. Tema: cisuras de cristal Hay 5 comentarios.

Vacía

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Me he arrancado el corazón. Tienes que entenderlo, dolía tanto…

Imaginé que podía hacerlo, que podía clavar las uñas en mi piel, y concentrar toda la fuerza de mi dolor en penetrarla. Lo pensé y lo hice, y para mi sorpresa, mis dedos se hundieron traspasando la barrera de la realidad, más, un poco más, hasta que toda la mano desapareció dentro de mi pecho.

Si fue una sensación extraña a la vista, más lo fue al tacto, pues sentí el frío de los tejidos pegajosos envolver mis dedos y un tenue palpitar, apenas un vibrar escaso y continuado, allá al fondo. Una supone que los corazones laten con locución de tambor, que sistolean con la fuerza que mueve la vida, rítmicos, poderosos e inflexibles, pero desde dentro, apenas sí es un pequeño tañido entre tanta masa palpitante, un órgano más, insustancial.

Empujé mi mano, enterrada aún en mi pecho, entre ese lodazal sanguinolento hasta atrapar al tacto mi corazón doliente. Lo sostuve como se sujeta a un pajarillo que temes aplastar de tan frágil que lo sientes moverse. No lo negaré, desde fuera podía sentir la opresión en mi pecho como un peso que me aplastaba el alma, y unas inmensas ganas de llorar, pero seguía viva así que, para no prolongar la agonía, conté hasta tres.

Tomé aire, suspiré, uno, suspiré, y a la de dos tiré con fuerza.

No sé ni como, pero al instante me vi contemplando una pequeña masa palpitante en la palma de mi mano. Allí estaba mi corazón, tan pequeñito y frágil como siempre lo intuí, tintado de tonos púrpuras y rosados, delicado como un betta siamés. Tantas corazas que creí haberle puesto, tan curtido que quise hacerlo, y seguía siendo igual de vulnerable y quebradizo que el día en que nací.

En fin, ha dejado de doler, la espera será más fácil porque ya no siento nada. Mi corazón duerme en una cajita de plata, en el fondo de un cajón, quizá te lo entregue un día, o quizá lo deje ahí para siempre, en realidad no me importa, nada me importa ya. Si acaso, me incomoda un poco que tú puedas leer esto, pero sólo porque sabrás a ciencia cierta que, ahora, soy una mujer sin corazón.

12/06/2008 01:21. Autor: Tautina. Enlace permanente. Tema: cristales rotos Hay 3 comentarios.

El erróneo concepto del escritor

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Hubo un tiempo en que pensaba que lo único que diferenciaba a un escritor de uno que no lo es, es el tiempo o las ganas que tuviera de plasmar en papel cuanto pensaba. Creía entonces que todos los seres humanos tienen la capacidad de inventar, fabular y soñar historias fantásticas, y que el que uno escribiese sentimientos, o aventuras cotidianas, o puras fantasías abstractas, era sólo cuestión de su estado de ánimo.

Más tarde, descubrí que no todo el que sabe hacer una redacción escolar o llevar un diario personal o un blog, es escritor, que además de tener algo que decir, había que saber expresarlo y que era necesaria cierta dosis de talento artístico para llegar al corazón de los demás y que el lector pudiera ver a través de tus ojos.

El grupo de mis elegidos se redujo, pero aún seguía pensando que lo que caracterizaba a todos ellos era escribir de forma compulsiva, volcando una fuente inagotable de fantasías y sueños en cada historia, entregándose por completo al ejercicio de crear.

Entonces conocí a escritores de diversa condición y carácter, y supe que la mayoría de ellos sólo se sentían seguros escribiendo en un género en particular, o que pretendían mirarse el ombligo eternamente, mostrando al mundo sus vivencias y exigiendo escrupulosa atención hacia su persona, o que tenían que esforzarse mucho en encontrar algo que contar, o que no les gustaba experimentar, o no sabían.

Supe también que, a menudo, el esfuerzo creativo los dejaba exhaustos durante meses, que muchos atravesaban épocas de estiaje,  o que escribían de forma rutinaria los sábados por la mañana como quien hace unos largos en la piscina como ejercicio semanal.

Mi círculo de los tocados por el talento artístico se redujo aún más, y ya sólo unos cuantos salían airados de la criba, seres especiales que veían el mundo que los rodeaba a través de un caleidoscopio literario, creadores de relatos por generación espontánea, escritores diarios y casi horarios, personajes profundos en sí mismos, sacados de sus propias novelas y sumidos en la ilusión de vivir para escribir.

Cuando supe que muchos de estos creadores de sueños no publicaban o lo conseguían con sumo esfuerzo, me asaltó la primera duda acerca de la definición de un escritor.

Quizá el talento en sí mismo no era garantía de éxito. Quizá ni siquiera era sano vivir soñando un mundo distinto que siempre acaba siendo este mismo que habitas. Igual convivir con mil historias bullendo en la cabeza, desesperado siempre por vomitarlas en papel para dejar espacio a mil más, distorsiona nuestra perspectiva de la realidad. Y supuse, intuí más bien, que aquellos obsesos de la escritura, aquellos que escribimos a escondidas, cambiando sueño por letras, preocupados más por plasmar tanto que sentimos que por que nos lean, no éramos escritores, no de esos que publican novelas que se venden en las librerías, no de esos comerciales y carismáticos que dan al lector lo que quieren oír y ganan prestigiosos premios.

Comprendí entonces que yo, y todos aquellos aquejados de mi mismo mal, sólo somos enfermos, pobres diablos obsesionados por una vorágine literaria que no conseguiremos calmar nunca. Y lo supe con certeza justo cuando esos tipos de blanco atravesaron de un empujón mi puerta, me pusieron una camisa con correas y me llevaron en volandas al Hospital Psiquiátrico del Palmar. 

 

 

20/06/2008 13:40. Autor: Tautina. Enlace permanente. Tema: reflejos Hay 6 comentarios.


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