Vacía

20080612012144-sincorazon.jpg

Me he arrancado el corazón. Tienes que entenderlo, dolía tanto…

Imaginé que podía hacerlo, que podía clavar las uñas en mi piel, y concentrar toda la fuerza de mi dolor en penetrarla. Lo pensé y lo hice, y para mi sorpresa, mis dedos se hundieron traspasando la barrera de la realidad, más, un poco más, hasta que toda la mano desapareció dentro de mi pecho.

Si fue una sensación extraña a la vista, más lo fue al tacto, pues sentí el frío de los tejidos pegajosos envolver mis dedos y un tenue palpitar, apenas un vibrar escaso y continuado, allá al fondo. Una supone que los corazones laten con locución de tambor, que sistolean con la fuerza que mueve la vida, rítmicos, poderosos e inflexibles, pero desde dentro, apenas sí es un pequeño tañido entre tanta masa palpitante, un órgano más, insustancial.

Empujé mi mano, enterrada aún en mi pecho, entre ese lodazal sanguinolento hasta atrapar al tacto mi corazón doliente. Lo sostuve como se sujeta a un pajarillo que temes aplastar de tan frágil que lo sientes moverse. No lo negaré, desde fuera podía sentir la opresión en mi pecho como un peso que me aplastaba el alma, y unas inmensas ganas de llorar, pero seguía viva así que, para no prolongar la agonía, conté hasta tres.

Tomé aire, suspiré, uno, suspiré, y a la de dos tiré con fuerza.

No sé ni como, pero al instante me vi contemplando una pequeña masa palpitante en la palma de mi mano. Allí estaba mi corazón, tan pequeñito y frágil como siempre lo intuí, tintado de tonos púrpuras y rosados, delicado como un betta siamés. Tantas corazas que creí haberle puesto, tan curtido que quise hacerlo, y seguía siendo igual de vulnerable y quebradizo que el día en que nací.

En fin, ha dejado de doler, la espera será más fácil porque ya no siento nada. Mi corazón duerme en una cajita de plata, en el fondo de un cajón, quizá te lo entregue un día, o quizá lo deje ahí para siempre, en realidad no me importa, nada me importa ya. Si acaso, me incomoda un poco que tú puedas leer esto, pero sólo porque sabrás a ciencia cierta que, ahora, soy una mujer sin corazón.

12/06/2008 01:21. Autor: Tautina. Enlace permanente. Tema: cristales rotos.

Comentarios » Ir a formulario

Autor: Uno

Si la confusión fuera moneda de curso de legal, sería un hombre tonto, de acuerdo, egoísta, sin duda, pero rico. Y, desengáñate, Tautina: tú aún lo serías más.

Este texto es un pedacito de gloria colgado en la red.

Gloria a ti.

Fecha: 12/06/2008 13:03.


gravatar.comAutor: el_Vania

Es como esas maldiciones, encierras un corazón en una caja, no vuelves a sentir aunque tu alma llore de alegría o de pena por dentro... no puedes saborearlo.
Salvo una vez cada equis años... que entonces, se te permite disfrutar por un día del cautivo corazón.
Hermoso escrito. (Y el comentario este, no le anda a la zaga, jijiji).
Salud/OS!

Fecha: 12/06/2008 17:17.


gravatar.comAutor: Tajalápiz

Ya he leído cuatro historias tuyas que me han gustado, así que volveré.

Fecha: 10/07/2008 01:08.


Añadir un comentario




No será mostrado.






Suscrí
bete a este blog. RSS 2.0 Este Blog ha sido creado con Blogia. Ver derechos de autor . Estadísticas. Admin. [Blogia colabora con 1001 relatos.]