El deseo del hada

Hoy visité a la hechicera que vive en el fondo del bosque, en la cueva que se esconde tras la cascada de cristal.
Le conté de tu existencia y con los brazos alzados, la cabeza echada hacia atrás, los ojos cerrados y el corazón henchido de puro gozo, grité a las ramas de cuantos árboles nos rodeaban, que vivía traspasada por la daga del amor. Fue un gesto inicuo que, en el silencio de la noche, disparó el vuelo de mil lechuzas asustadas, reafirmando con su aleteo la arrogancia de mi proclama.
Espoleado mi corazón por el revuelo, salté y canté alrededor de la hechicera, relatando entre risas como me derritió tu porte de caballero, cuanto me deleitó tu verborrea de juglar, y tanto como te he soñado y te deseado desde el mismo instante en que te vi. Le expliqué a la anciana sabia que tu risa tintineaba a cada poco en mis orejas puntiagudas, que tu boca era ya el cáliz del que deseaba beber a cada instante, y que todo tú me incitaba a la pasión más inflamada.
Y allí, en el bosque de las mil flores, supliqué a la dama blanca un filtro de amor que te arrojara en mis enamorados brazos. Le pedí un bebedizo que te llenase del deseo que yo destilaba por cada brillante poro de mi piel y que te hiciera mío para siempre.
- No puede ser - sentenció la injusta dama.
- ¿Pero por qué? – grité loca de furia, y aleteé por la cueva con desespero.
- No insistas, no puede ser.
- Pero lo amo, hechicera, y deseo entregarme a ese hombre para siempre.
- Basta – gritó ella -. Es imposible, él es humano y tú hada.
Rompí a llorar y alcé mi puño amenazante.
- Conseguiré que sea mío con o sin tu ayuda, mala bruja. No permitiré que los detractores de la mezcla entre linajes acaben con mi delirio pasional. Me entregaré a su deseo en un lecho de hojas de acebo y seremos uno, fundidos en el eterno instante del placer mutuo.
Acabé mi discurso con las rodillas en tierra, la cabeza gacha y el corazón atravesado por el dolor. La hechicera se acercó a mí y me acarició el cabello, compasiva, antes de replicar:
- No me seas melodramática, Campanilla. No puedes acostarte con él porque es humano y tú, mi niña, mides dos centímetros.
Comentarios » Ir a formulario
Autor: pau
Y hay veces que los hombres se quedan sin ellas.
Fecha: 15/02/2008 12:16.
Autor: Aires
Fecha: 17/02/2008 01:09.
Autor: hada de la luna
así es, quizá; como la pasión rompe los crstales de la ignorancia...
con amor: una hada enamorada que vive en la luna, sueña y vive con las estrellas.
Yo vivo en un amor que decian imposible, pero jamás me rendi; ahora esperamos un hermoso fruto de amor que nacerá junto con un millon de ilusiones.
JAMAS TE RINDAS CAMPANILLA.
nosotros somos dueños de nuestro propio destino, tu eres quien lo forja y lo rehace a como tu quieres que sea.
Fecha: 30/04/2008 22:55.



