Madura

Es hora de acabar, amiga mía, cesar de martirizarme, olvidar esta existencia de penalidades y desistir de luchar contra los elementos. La tristeza me atenaza el corazón, y si bien me aterroriza lanzarme al vacío y acabar para siempre, me espanta más aún pasar otro día en este mundo cruel.
No me juzgues, mi impúber amiga. Llevo toda la vida, larga vida, soportando y superando cuantas injusticias imagines, con resignación y optimismo, pero ahora que he madurado, ya no consiento ni una más.
Quizá tengas razón y sean manías de mi vejez, aunque suene a frase propia de tu edad. La verdad es que estoy agotada, cansada de luchar por ser la mejor yo cada día, de perseverar para crecer por dentro igual que por fuera, de esforzarme mientras veo a otros a mi alrededor obtener tanto como he alcanzado, o vivir incluso mejor, sin invertir en ello ningún esfuerzo.
Y es que la vida, mi inexperta amiga, es harto injusta, pues obtiene uno que otro, más sol, más alimento, más agua incluso, sólo por el lugar del huerto donde vino a nacer. Y si miras al norte verás a muchos que tanto tienen y no valoran, y si miras al sur verás a tantos otros que claman pidiendo la cuarta parte de lo que nosotras mismas menospreciamos.
Por eso no quiero seguir viviendo en este mundo, por lo injusto que es. Tú aún estás muy verde para entenderlo, todavía tienes ilusión y crees en tu poco valor interior, pero yo siento el peso de los años, un gran lastre que no puedo soportar.
Desde pequeña me esforcé en ser dulce, crecí lozana por fuera, pero preocupada por cultivar un buen interior, hasta que un día entendí que sólo importa la apariencia, que sólo por tu aspecto han de mirarte y valorarte en este mundo injusto.
Y ahora que me pesa tanto el tiempo, con la piel curtida y teñida al sol, ahora que ya soy fruta madura, me importa poco aparentar, o gustar, o congraciarme con el mundo. Estoy tan desencantada del vano esfuerzo, que el vacío se me antoja apetecible.
Ya concluyo buena amiga, siento la madre rama doblarse con el peso de mi corazón de manzana. Me suelto del árbol, agárrate pomita joven que esto va a moverse mucho, y no llores la pérdida, amiga mía, que tras de mí ha de quedar una semilla de esperanza.
¡Ya caigo, ya muero, ya me estrello contra el suelo…!
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Autor: El Zórpilo
¡Que delicia leer sus textos!
Saludos satisfechos.
El Zórpilo.
Fecha: 26/11/2007 23:27.
Autor: Vagabundo.
Párate solo un momento a pensar lo mucho y mejor mujer que eres hoy, comparado con la chica eras hace 15 años. La que eras hace diez, o cinco años, incluso.
Tú, Tautina, tú mejor que nadie, eres el ejemplo viviente de que la madurez es un regalo generoso para el mundo.
Cada día eres mejor.
Fecha: 27/11/2007 09:10.
Autor: aires
Fecha: 27/11/2007 17:57.
Autor: El lector
Saludos dama.
Fecha: 28/11/2007 09:43.
Autor: pau
No podemos ser eternos porque ocupamos un espacio vital, el que nuestros frutos necesitan para desarrollarse.
El hombre que piensa que lo por él germina no lo supera, que es inferior a él mismo es un pobre de espíritu. Este hombre se aferra a la vida enfermizamente, incluso por encima de su descendencia.
Oh...
Hoy nos hemos puesto trascendentales amiga mía.
Con lo fácil que era hablar de lo poco trasparente que eres para mí, y de lo mucho que te gustaría serlo... a veces.
Un abrazo.
Fecha: 28/11/2007 10:28.
Autor: la autora
Para él, y para todos los que aspiran a conocerme a través de mis letras, os regalo un consejo, no creáis nada de lo que leáis en internet, y menos aún lo que leáis en mi Espejo.
Fecha: 29/11/2007 13:11.



