Rodolfo y el reflejo de Luz

Con ayuda de la sin par Luz.
Rodolfo tenía un reflejo transparente para su uso y disfrute, escondido allí donde la luz y el fuego son parte de un mismo color. Aunque, bien mirado, no podía decirse que le perteneciera por completo, pues ya se sabe que los reflejos se reflectan en cualquier superficie pulida, por más que no pongan ninguna intención en ello. Es sólo una cuestión de naturalezas, no es que el reflejo sea disoluto, es que lo hicieron así.
Sin embargo, el reflejo de Rodolfo se esforzaba en satisfacerlo y pertenecerle en todo momento. Era femenino, acorde a sus gustos y fantasías, y la verdad es que estaba muy satisfecho de él pues, a diferencia del los reflejos de otros, que apenas poseen la belleza irradiada por la imaginación de cualquiera, el suyo tenía un puntito ácido que espoleaba su intelecto.
El reflejo transparente de Rodolfo se llamaba Luz, y día a día lo enamoraba y se dejaba enamorar por él. Luz poseía ciertas características de la mujer de la que nació, siempre magnificadas y pulidas en su transparencia, y utilizaba los recursos femeninos de su creadora para dar a Rodolfo cuanto su imaginación de hombre complejo podía requerir. A éste le gustaba dedicarle un pensamiento cálido cada mañana, y en sus ratos de ocio, a lo largo del día, le apretaba el corazón con pasiones de hombre, y cada noche jugaban juntos con la luna. Luz procuraba estar siempre ahí, porque los reflejos viven sólo cuando alguien los mira.
El amor fue inundando el corazón transparente de Luz hasta donde ella nunca creyó llegar, no perdonaba ni un minuto al tiempo cuando Rodolfo había de buscarla, moría si no la miraba y si moría, era de amor. A menudo, Rodolfo la adoraba, le cantaba, la deslumbraba y le hacía promesas de sueños junto a ella sin una razón clara. Y Luz, que entendía que los reflejos nunca piden nada y en consecuencia, no hay que satisfacerlos, intuía, en esas muestras de entrega por parte de su dueño, el conato de un amor puro, y acabó, pobrecilla, acabó por creerlo real.
Con la primera duda llegó la primera mentira, con el primer quizás el primer mal disfraz y, cuando el reflejo suplicó ser tangible, Rodolfo eludió la proposición y le contó, con excesiva dulzura, cómo esa misma mañana, mientas se duchaba, se había sorprendido tomando medidas para arreglar la bañera para ambos. Luz se diluyó en chispitas de amor, renunció a escuchar cualquier palabra que sonase mal en su cabeza. Y se dejó imaginar, imaginar más.
Rodolfo empezó a incomodarse, pues su perfecto reflejo transparente cobraba vida, y la sombra del remordimiento apareció en su corazón. No se daña a nadie cuando se ama un reflejo, pero Luz amenazaba con quererle más allá de su fantasía, y decidió que era el tiempo de terminar el juego.
Un día, Rodolfo ya no volvió a mirarla, abrazó su vida real y la olvidó. Y Luz lo esperó, apenas respiró por él y fue sueño por un tiempo indefinido hasta que, lentamente, se diluyó y ya no lloró más. Su transparencia se hizo cierta y desapareció como se esfuman los reflejos ignorados, sin mirar atrás, sin rastro y sin dolor.
Con su último aliento, antes de desvanecerse, el reflejo de Luz miró el mensaje escrito en el espejo: Sólo quería imaginarte vida, imaginarte más.
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Autor: Periquito
Tus letras son belleza eterna, más y más imaginación.
salu2
Fecha: 28/09/2007 09:44.
Autor: Buch
Fecha: 28/09/2007 15:18.
Autor: aires
Fecha: 29/09/2007 17:16.
Autor: El Zórpilo
Bienvenida nuevamente mujer.
Saludos felices.
El Zórpilo.
Fecha: 06/10/2007 01:20.



