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La amante

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     Sé que piensas en mí cuando estás con ella. No me importa que no quieras admitirlo, yo lo sé, te conozco demasiado tiempo.

    Conozco ese tono de voz, esa furia que te nace en las tripas cuando me dices quebrado por el desprecio que no te importa con quien me acueste, que es mejor para ti que esté con otros hombres. Reconozco la punzada de celos que motiva tus ataques aunque al hacerlo, lleves esa capa púrpura de una relación más feliz y duradera que la nuestra. Es normal, no te culpo, en otro tiempo hasta valoré como una virtud ese rasgo tuyo. Perteneces a esa raza de hombres que no puede soportar que otro toque la hembra que ha sido suya, tenga una, dos, o todo un harén.

    Por eso sé que cuando hablas con tus amigos de ella, en esas noches de ofensas, cuando maceras en alcohol nuestros problemas, en realidad hablas de mí. A mis espaldas les cuentas cuánto la quieres, lo hacendosa y mimosa que es contigo, los planes de una vida junto a ella, pero intercalas, como comparativa, mi indiferencia, nuestros incesantes desencuentros, mi falta de atención hacia tus conflictos, mi continuo afán de reproche. Y al final, querido, sólo hablas de mí.

    Por eso sé que, aunque lo niegues, a veces le haces el amor pensando en mí. Ella apenas lo percibe, si acaso unas caricias extrañas, si acaso la sensación de que la tomas de forma diferente, como si hubieras olvidado qué le gusta. Pero tú y yo sabemos que la cubres con la rabia del resentimiento y piensas, deseas, que sea mi cuerpo el que mancillas, que sea yo quien suplico más placer entre gemidos. Quizá en algún momento, en esa dicotomía de pensamientos que te aturde al derramarte, no lo hiciste dentro de ella, sino de mí.

    No se lo cuentes, no me lo cuentes, pero yo lo sé y ella lo intuye. Puede que la quieras más, que la desees locamente, que prefieras mil veces sus caricias a las mías, pero lo cierto es que ella es solo la amante, y yo sigo siendo tu esposa.

27/01/2012 10:59. Autor: Tautina #. Cisuras de cristal Hay 1 comentario.

Dónde estabas ayer

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   Dónde estabas tú en mis noches más largas, cuando mi llanto contenido se trasformaba en rabia.

   Dónde estabas cuando mi piel te extrañaba y mi anhelo de cariño te buscaba.

   Dónde, cuando batallaba en tierras hostiles y sobre los escombros de mi pena caminaba.

   Qué soledad tan cruel es aquella que se sufre estando enamorada.

   Dijiste pertenecerme pero teniéndote, mi amor, teniéndote no tuve nada.

20/01/2012 00:17. Autor: Tautina #. Cristales rotos Hay 2 comentarios.

Mil y una noches

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     Don Tato desea a la señorita Temis.

     Tiene una esposa, y una secretaria con la que fornica en sus frecuentes viajes. Atesora muchas amigas que se dejan invitar a cena y roce en celebraciones puntuales y cultiva pequeñas aventuras que florecen sin esfuerzo cuando saca su cartera repleta de billetes. Puede poseer a una mujer cada día del año si lo desea, pero no es suficiente.

     Anhela a la señorita Temis, tan distante ella, tan tímida, lista e inaccesible, y la acosa con denuedo. Don Tato, que puede tener mil noches de amor, ha leído en algún sitio que el número redondo es mil y una.

11/12/2011 01:47. Autor: Tautina #. Espejismos en 100 palabras Hay 6 comentarios.

Miseria II

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     Ella siempre supo que los hombres hacían daño. Este pensamiento consciente se instauró en ella mucho después de presenciar las palizas que su padre daba a su madre, después de que su padrastro abusara de ella recién llegada a la pubertad, incluso después de que huyera de casa, apenas cumplidos los dieciséis, y el dueño del bar donde trabajaba la obligase a mamársela dos veces por semana a cambio de conservar un puesto de mierda.

     Sí, ella siempre lo supo.

     Sin embargo, durante muchos años mantuvo la esperanza de encontrar un hombre distinto, uno que no doliera tanto, uno cuyo amor no hiciera daño. Conoció a algunos hombres buenos, atentos, cuidadosos con su fragilidad de niña herida. Hombres que la quisieron y fueron queridos, pero que al final, tarde o temprano, dolieron. Envidiaba a otras mujeres que vivían acompañadas y queridas por sus hombres, las veía recibir flores y atenciones, y se preguntaba si sería cierto ese estado de bienestar, si en su intimidad esas mujeres estaban satisfechas o si, por el contrario, sus parejas también dolerían.

     Nunca supo si ella era un caso aislado o si los hombres hacían daño a todas las mujeres, pero al final se impuso su instinto de supervivencia y decidió que todos, todos los hombres, hacían daño. Se resignó ante esta certeza, casi fue un alivio para su maltrecho corazón asumir esta verdad y, desde entonces, su vida cambió para mejor.

     Aprendió a tolerar el egoísmo masculino, a someterse a su deseo y blindar su corazoncito de sentimentalismos absurdos. Supo que los hombres también sufren, casi más que las mujeres y sintió cierta empatía que la llevó a ser cuidadosa y atenta con el dolor masculino. Entendió a los hombres al fin y se volvió una experta en amarlos y en esquivar el dolor que ellos, sin querer, siempre infligían.

     Ahora es la más solicitada del bar. Sus clientes se consuelan de los problemas de su matrimonio o de las penurias del trabajo entre sus brazos. A menudo, ni siquiera quieren sexo. Ella les da mucho más, los entiende y les trata con ternura, cariño y una comprensión infinita, solo por cincuenta euros la hora.

21/11/2011 11:50. Autor: Tautina #. Cristales rotos Hay 6 comentarios.

Miseria

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Fantasía sin dueño que a los hombres provocas.

Para ella las ostras y el abrigo de foca,

para ti sus tristezas y su pene en tu boca.

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20/11/2011 15:49. Autor: Tautina #. Espejismos en 100 palabras Hay 3 comentarios.

Burbuja

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     A veces necesito mi espacio, mi rincón mágico, mi burbuja de jabón. No sucede a menudo pero sucede a veces, pocas pero imprescindibles. Son días extraños en los que el universo se confabula para enseñarme una lección, siempre la misma, una que no quiero aprender.

     El mundo es feo ahí fuera, es un lodazal inmenso donde chapotean el egoísmo, la miseria y los más bajos instintos humanos. La autocompasión, la cobardía y el despotismo hacen un corro y se lanzan fango a la cara y a veces, sin quererlo, me pilla en medio y acabo salpicada hasta el pelo.

     Entonces necesito aislarme, alejarme y limpiarme de tanto barro. No estoy triste, no siento ganas de llorar, no es eso. Solo estoy un poco defraudada, como siempre que aprendo que el mundo ahí fuera es feo y está lleno de lodo.

     Y a veces me salpica.

     Desde fuera apenas se me nota. Solo estoy acurrucada en mi sofá, en un rinconcito, sentada sobre mis pies descalzos, pensativa, con la mirada perdida en el pliegue de un cojín, ausente y contestando con monosílabos incoherentes a las preguntas inoportunas de mi entorno. Solo eso.

     Solo me limpio de tanto lodo durante un rato, y en mi cabeza mantengo un monólogo para conmigo misma. Y creo lo que quiero creer, y olvido la lección aprendida, y pienso en lo que me importa, y recuerdo que en mi sonrisa brilla el sol, un sol radiante y limpio que lucirá mañana dentro y fuera de mi burbuja de jabón.

19/11/2011 02:16. Autor: Tautina #. Cisuras de cristal Hay 4 comentarios.

Cocina imaginativa

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Este breve ya fue publicado en el espejo hace un tiempo, bajo el título "en mi cocina", los más asiduos quizá lo recordareis. Ahora vuelve, aún más breve para adaptarse a los tiempos radiofónicos, de la voz de su propia autora.

Pulsar aqui para escuchar

      A veces pasa, mientras cocino, que mis manos se mueven mecánicas removiendo el guiso, y la mente se me pierde en los laberintos de mi imaginación.

      Y entonces pienso en ti, que llegas por detrás para abrazarme suave y besar mi nuca. Pasas una mano por mi cintura y con la otra me retiras el cabello, tan delicadamente que, antes de sentir tus labios, ya me estremecen las yemas de tus dedos.

      Y comenzamos un suave baile contrapuesto, a un lado y a otro, yo de espaldas a ti y tú frente a mi espalda, vaivén acompasado sin miradas cruzadas, pues yo vigilo la olla y tú, quién sabe que andarás espiando tras la curva de mi cuello.

      Entonces tomo aire, tus manos se difuminan y regreso a la realidad. De pie, tal cual estoy, acaricio mi tobillo izquierdo con el empeine de mi pie derecho mientras pienso qué bien bailas...

14/11/2011 23:12. Autor: Tautina #. Tras el espejo Hay 2 comentarios.

Pobre

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     Pobre niña tonta, que piensas que es bueno entregarse sin miedo, que serás valorada en la medida de lo que das y no de lo que esperes, que el mundo es bonito y tendrá recompensa el ser lo que eres.

     Pobre niña tonta que no te enseñaron, que nunca supiste, pedir lo que quieres.

01/11/2011 02:30. Autor: Tautina #. Cristales rotos Hay 4 comentarios.

El columpio

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      ¿Has escuchado alguna vez el sonido de una rama al romperse? Es un crujir seco, profundo, un desgarrón sonoro que te penetra en el cerebro. De niña, cuando iba a pasar el día al campo con mi familia, mi padre llevaba en el maletero un columpio de madera. Era una tabla de bordes redondeados, con gruesas cuerdas anudadas en dos de sus cuatro agujeros.

      Nada más bajar en la pinada, mis hermanas mayores y yo nos dedicábamos a buscar el árbol perfecto, sin obstáculos ni delante ni detrás, y con una rama resistente y alta de la que poder colgar el columpio. Era una fiesta encontrar el árbol elegido, y brincábamos y gritábamos como ninfas histéricas a su alrededor. Mientras, mi padre lanzaba las cuerdas, primero una, luego la otra, las hacía pasar por la rama y las anudaba en los otros agujeros de la tabla.

      Luego se sentaba para comprobar su equilibrio y seguridad y yo, pequeña impaciente, saltaba sobre él para ser la primera en usurpar el puesto y columpiarme en el soberano trono.

      A menudo mis hermanas y yo competíamos por el árbol elegido, solíamos encontrar tantos y tan adecuados que cada una quería que el suyo fuese el designado por mi padre. Sin embargo, aquel día, un sauce lucía majestuoso en medio de un claro, de suave tronco y gruesas ramas, tan altas que parecían querer tocar el cielo. No hubo disputas esa vez y mi padre, desconcertado por la altura, se decidió al fin por una gruesa rama de las que tocaban las nubes. Lo intentó varias veces sin resultado y hubo de conformarse con una de las pequeñas ramas inferiores, agobiado por su torpe puntería y nuestra impaciencia. Apenas había terminado de anudar la tabla cuando salté sobre él sentándonos a ambos del impulso.

      ¿Has escuchado alguna vez el sonido de una rama al romperse? Es un crujir seco, profundo, un desgarrón sonoro que te penetra en el cerebro. Sientes que el mudo grito de ese árbol te estremece todo el cuerpo, sientes su dolor en tu pecho y olvidas respirar. Y, en el instante en que agoniza ese crujido, crees morir de pena.

      Es una dura lección que te acompaña en el recuerdo para siempre. Después puedes olvidarlo, oculto en las brumas de la niñez, pero vuelves a revivirlo, a sufrirlo en tu pecho en alguna ocasión a lo largo de los años. Yo lo recordé vivamente hoy, esta noche al despedirnos, porque una rama al romperse suena igual, exactamente igual, que cuando se te rompe el corazón.

24/10/2011 01:58. Autor: Tautina #. Cristales rotos Hay 3 comentarios.

El hombre caballo

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Mi hombre caballo es uno

de esos de razas puras

de las de fuerte carácter y resistir prominente.

Es noble y es amable,

es de gestos amistosos

y  tiene un andar flotante

que lo distingue de otros.

 

Mi hombre caballo dice,

a veces, palabras duras

que se pegan a mi piel como un grabado ardiente,

y no deja que le hable

con ojos aún borrosos

de su forma de trotarme

que destaca entre los otros.

 

Mi hombre caballo llena

mi mente de opacas dudas

porque jamás encontré caballero más valiente.

Tan encendido su sable

y de sueños tan ansiosos,

y es, en cambio, tan básico

como uno más de otros.

 

Mi hombre caballo es

un hombre centauro a oscuras.

Pero a la luz de una triste mañanita reluciente

es, al fin, lo imaginable,

con anhelos codiciosos.

Porque es un caballo, sí,

y es un hombre como otros.

23/10/2011 00:03. Autor: Tautina #. Brillos de plata Hay 3 comentarios.

Trajes y mantos

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   Él lleva un traje de hombre, de otro hombre. Por dentro es uno y por fuera otro distinto.

   Las mujeres usan mantos, capas superpuestas una sobre otra como una cebolla. Para conocer a una mujer, para desnudarla, debes dejar caer manto a manto, y cuando arrancas el último, aún dudas si hay unos cuantos más abrazando su pequeño corazón. Para desnudar a una mujer tienes que quitar muchas capas, y llorar, como con una cebolla.

   Pero él es un hombre, y lleva un traje de otro hombre. Con su traje es uno, y desnudo es otro, no hay más. Su traje es cotidiano, respetable, común y adecuado con su edad y estatus social. Es el traje de un hombre con una profesión, una esposa y una vida resuelta. Quizá sea un poco distinto al resto; una cartera repleta de sonrisas burlonas, un paquete de sagacidad y un pañuelo de sensibilidad creativa parecen esconderse en los bolsillos de su traje. Es un poco especial, sí, pero nada que no pueda tolerarse con su edad y estatus social.

   Sin embargo, ella lo ha visto desnudo.

   Qué distinto es el hombre sin traje. Es como un niño lleno de ilusiones, como un adolescente atado al deseo, como un hombre protector y decisivo. Todas las edades marcadas en la piel y asomando en las caricias de sus dedos. Así es el hombre desnudo, tan atrayente que, cuando se muestra, ella no puede resistirse.

   Ya le gustaba cuando era un hombre con traje. Salían a veces, siempre en grupo, siempre cumpliendo las normas de los hombres con traje, pero ahora que se sabe objeto de su deseo, que la ha llamado su fantasía, que ha probado sus labios, ahora que se ha desnudado para ella, le gusta mucho, muchísimo más.

   Juntos sueñan con el amor perfecto, ese que es tan intenso, tan feliz, que no puede ser real. Sueñan que se darían el mundo el uno al otro, y que vivirían desnudos, sin mantos ni trajes, sin tocar el suelo. Él le promete la luna y ella lo cree, al menos, mientras el hombre está desnudo.

   Después, él se viste.

   Aún le dedica una caricia mientras termina de abrocharse. Mi niña, mi princesa, soñaré contigo aunque no me lo permitas. Después ya es otro hombre, con un traje y un coche de cierta edad y estatus social, que se aleja en la noche.

   Y ella, que se ha quedado sola, siente frío y abriga sus hombros desnudos con un nuevo manto.

30/09/2011 10:06. Autor: Tautina #. Cisuras de cristal Hay 4 comentarios.

El hombre de los grandes escenarios

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     Yo conozco a un hombre capaz de generar escenarios grandiosos. Hace años que sé de su existencia y me creo una privilegiada, pues he saboreado varias veces su don en mi piel. A su lado he sido princesa mora envuelta en los cojines, brocados y sedas de una tetería marroquí abierta solo para mí. Y me sentí hadita juguetona en un bosque encantado de intensos verdes, corriendo y saltando entre árboles milenarios que lloraban sueños. Y frente a un mar bravo e intimidante que espumaba el reborde de una playa inmensa, sentí el viento alborotarme el cabello, y su abrazo de hombre apuesto cobijando mi espalda, mientras contemplaba la sonrisa de la luna y el romanticismo que colgaba de su cuerno.

     El hombre de los grandes escenarios crea esa magia con muy poco esfuerzo y no da valor a su talento, pues está en su naturaleza ser así. Y yo, que caigo derretida por su hechizo, no puedo por menos que admirarlo por ello.

     Además, sabiendo que soy una gran devoradora de imaginación, me susurra, como a una niña hambrienta, palabras de fantasía que forman frases enteras de sueños, todas las que necesite para quedar saciada mientras contemplo la gran escena que elaboró para mí. Me dice lo que soy y lo que seré a su lado, y cuánto sentiré y tanto como viviré en esos teatros mágicos que crea para mí. A cambio, en cada ocasión, solo pide mi amor.

     Pero yo conozco el secreto del hombre de los grandes escenarios. Soy una privilegiada que ya ha vivido ese sueño varias veces y, por eso, sé que sus palabras solo son un atrezo más. Nada de lo prometido en esas recónditas escenas se ha cumplido nunca y al final, cuando cae el telón, solo queda realidad.

     Siento lástima por mi admirado hombre de los grandes escenarios, y siento lástima por mí, porque quisiera amarlo, pero él cree que el amor solo es una fantasía.

06/09/2011 02:30. Autor: Tautina #. Cisuras de cristal Hay 5 comentarios.

La princesa desnuda

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      Es notable el poder de la luz. El pequeño cuarto, con tres muebles y una cocina adosada a la esquina, no pasa de ser un cuchitril. Sin embargo, bajo el reflejo radiante de la mañana, es una estancia viva de blancos y azules que huele a café recién hecho y a vainilla.

      Una ventana enorme que muerde el suelo tiene la culpa. Sus portones abiertos dejan entrar sonidos ajenos, retazos de otras vidas que despiertan y de un mundo que nunca habitaré. Apenas puedo verlo por esa ventana enorme que quiere ser balcón pero sé que ese mundo cuyos ecos rebosan hoy en mi cuarto, que despierta allá fuera como un niño ruidoso, no me pertenece.

      Desde mi estancia observo desnuda el trocito de mundo que queda ahí abajo. No sé si alguien me ve, pero sé que nadie me mira y dejo que mi pensamiento, tranquilo, camine por el patio de piedra, por sus esquinas espesas de macetas y flores, bajo la sombra de la parra que lo bordea, por los tejados y calles que lo circundan y que se extienden hasta el horizonte.

      No busco nada, ni pienso demasiado. Inmóvil y contemplativa en esa gran ventana que quiere ser puerta, me siento princesa en mi castillo, dueña y señora de mi destino, soberana anónima de todo aquello que queda a mis pies. Entonces, el deseo se me escapa y vuela libre en pos de un alma diferente que reine junto a mí, que me comprenda, que me sorprenda y que no quede tan lejos.

      A veces, no demasiadas, deseo que unos ojos a mi espalda recorten mi silueta desnuda en esta ventana, desde dentro, desde este cuarto, desde muy cerca de mí.

      A veces, no demasiadas, echo de menos a alguien como tú.

18/08/2011 12:14. Autor: Tautina #. Cisuras de cristal Hay 8 comentarios.

Ensayo I

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    Supongamos que, en contra de lo que el deseo humano siempre ha defendido, la naturaleza crea ocho réplicas iguales de cada nueva maravilla.

    Esta no es una idea disparatada. Se dice que la NASA duplica cada complejo diseño en desarrollo, pues el despliegue de medios, recursos y esfuerzo necesario es tan inmenso, que no puede permitirse el fracaso absoluto.

    Así pues, si la NASA fabrica dos copias, es más que probable que la madre natura haga hasta ocho replicas exactas de cada compleja creación. ¿Por qué ocho? Porque es el número adecuado, claro, cualquier buen Dios lo sabría. Pero aún así lo explicaré:

    A lo largo de su desarrollo, al menos tres de esas nuevas creaciones pueden malograrse, es decir, crecer raquíticos y enfermizos, muriendo demasiado jóvenes. O serán del género inadecuado, esto es, mujeres.

    Dos más pueden fallar en su progreso, bien por falta de educación, o estimulación, o recursos económicos. Por más predicadores e iluminados que florezcan entre el lumpenproletariado, ninguno de ellos queda inscrito en los libros de historia.

    Una creación morirá por causas ajenas al procedimiento o elementos externos, por ejemplo, un día de excesivo viento podría caerle una maceta desde un balcón.

    E incluso, llegando a su total desarrollo, puede que alguno de los octillizos maravillosos esté en la época y lugar equivocados y no goce de la oportunidad necesaria para potenciar su utilidad. Esto sería, por ejemplo, carecer de mecenas o no entrar dentro de la línea editorial de sucesivos años.

    Así que, tal como explicaba, el número ocho recoge todas estas probabilidades y aún permite el éxito de un individuo del grupo, ni más ni menos.

    Pues bien, según esta desconcertante teoría, a lo largo de la historia han nacido o nacerán ocho Mozarts, Einsteines, da Vincis, Shakespeares y otros genios que aún no conocemos. Una vez que uno de ellos ha conseguido el objetivo, el resto son desechados por la selección natural, es evidente. Por poner un ejemplo, los Buonarottis que nacieron antes o después del triunfador, han muerto relegados en el olvido, pues ninguno de nosotros ha oído hablar de más de uno.

    Al igual que el resto de maravillas naturales, el talento solo es una combinación de variables que dan como resultado una aptitud extraordinaria. Y esto sucede, al menos, ocho veces exactamente iguales en cada caso según esta ley natural que me he inventado y que es perfectamente posible mientras nadie pueda refutármela.

    La conclusión es sencilla: el artista sabe que no es un talento único y que solo el esfuerzo y el trabajo puede darle la posibilidad de conseguir sus ilusiones. De nada sirven los ánimos del entorno o la exaltación del ego cuando se conoce este principio natural porque, el talento en sí mismo, no es elucidario del triunfo. Solo el trabajo duro y la evocación de la meta en todo momento permiten una posibilidad.

    A lo único que uno puede aspirar es a ser el elegido por la historia entre los ocho gemelos de igual talento o, al menos, a caminar por la calle sin ser aquel de ellos al que le cae el tiesto en la cabeza.

10/08/2011 01:04. Autor: Tautina #. Brillos de plata Hay 5 comentarios.

Pendiente de mí

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     Yo quisiera tener tus atenciones, que fueran para mí esas sonrisas que derrochas,  que me dedicases cada detalle y cada regalo que tu espíritu agradecido sueña hacer, inundar tu pensamiento y tu anhelo como una ola brava que lo arrasa todo. Quisiera tenerte, para siempre, pendiente de mí.

     Quisiera, al marchar cada día, estimularte con juegos que espoleasen tus fantasías en las tediosas horas del trabajo, y esperar tu vuelta a casa ansiosa como una niña, solícita como una amiga, ávida como una hembra si lo deseases, pero esperarte segura de que vendrás.

     Quisiera, cada noche, cubrirme sin pedirlo con la suave sábana de tus besos antes de dormir, robarte el sueño si ando traviesa, o cederte el mío a cambio de tu pasión, y saberte pegado a mi espalda en la madrugada oscura, respirando junto a mí.

     Quisiera amanecer entre tus brazos y esperar, al abrir los ojos, que siempre fuera fiesta para remolonear sobre tu cuerpo en infinitivo, y rastrear, y gruñir, y lamer, y gemir durante horas sin abandonar el colchón, empujando perezosa a la mañana.

      Yo quisiera que, cuando me miras, supieras todo esto que te cuento, e hipnotizarte para que nunca apartases tu mirada, y así, de esta sutil manera, saberte cada día pendiente de mí.

27/06/2011 02:22. Autor: Tautina #. Cisuras de cristal Hay 4 comentarios.

El camello sin jorobas

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De nuevo, un pequeño premio me da la oportunidad de sacar a la luz un cuento, esta vez para niños, publicado en una antología de tres autores (junto a José Aristóbulo Ramírez Barrero y Luis Manuel Barrera Rubio), con preciosas ilustraciones de Pilar López Galán y en una edición bilingüe español-inglés de alto valor didáctico.

El camello sin jorobas (The camel with no humps!) es la historia del pequeño Arabín, un camellito desjorobado al que su mami fabrica unos odres para ayudarlo a sobrevivir. Cuando crece, marcha en busca de un oasis propio donde no sean necesarias esas ortopédicas alforjas que se le han quedado ya pequeñas, pero en su aventura tropezará con personajes indeseables y descubrirá el secreto que encierran las jorobas de los camellos.

Los beneficios de las ventas de este libro son donados íntegramente por EMASESA a Intermón Oxfram, que los destina al proyecto Bancos de Agua en Etiopía. Así que, si queréis echar una mano solidaria, podréis adquirirlo en su formato e-book en el siguiente enlace.

O en el clásico libro de toda la vida, en encuadernación rústica y oliendo a papel nuevo, en breve, en la tienda del agua online

13/06/2011 19:27. Autor: Tautina #. Tras el espejo Hay 2 comentarios.

La maldición de las mujeres inteligentes

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     Es difícil encontrar un hombre mínimamente adecuado. Martina lo busca casi a diario y, a pesar de ser una buena rastreadora, de mirar más alla de la piel, de asomarse a los ojos y escrutar el alma, a pesar de ser una estupenda buscadora de hombres mínimamente adecuados, rara vez lo encuentra.

     Tropieza con hombres simples de aspiraciones pequeñas -de esos hay demasiados- u hombres pequeños con grandes aspiraciones –que suelen fijarse en Martina como una meta alcanzable- y, sobre todo, con hombres inmaduros, de mente a medio desarrollar o cuyo crecimiento se truncó entre traumas no superados.

     A todos ellos los encuentra, los conoce y, después de mirarles dentro, los rechaza con más o menos esfuerzo, con más o menos refriegas y con más o menos heridas. Cuando por fin todo termina, Martina quisiera no tropezarse con ninguno más, no volver a pasar por ello, pero hay demasiados hombres estúpidos en el mundo.

     A veces, sin embargo, Martina encuentra un hombre mínimamente adecuado. Se asoma a sus ojos, le escruta el alma y por fin lo encuentra inteligente, y cabal, y responsable, y encantador. Siempre es una grata sorpresa dar con un compañero digno de admirar, de valorar, de conquistar. Sucede en tan pocas ocasiones a lo largo de una vida que Martina siente ganas de lanzar cohetes al aire durante toda una semana.

     Martina se prepara entonces para desplegar toda la muselina de su encanto. Se sabe preciosa. No guapa, solo todo lo bonita que su dulce sonrisa y el brillo de sus ojos puede mostrar.  Además es lo suficientemente lista para desarrollar una fantasía frente a su pareja, para convertir la dulzura en una forma de estar o para virar, a fuerza de ensayo y método, sus eternos ojos irónicos hacia una expresión de franca admiración. También es lista para intuir cuando un hombre se rinde ante unas medias de red o un escote pronunciado, o cuando es inmune al encanto físico y sin embargo claudica ante la profundidad espiritual o la ternura. Martina sabe todo eso, y mucho más, porque es una mujer inteligente, y saberlo, y actuar en consecuencia, es lo que la convierte en una mujer preciosa.

     Martina se siente segura a este respecto, ha meditado sobre ello a menudo mientras lamía sus heridas, ha comprobado sus premisas con los hombres estúpidos y ha confirmado sus conclusiones pero, sin embargo, ante un hombre mínimamente adecuado, el resultado se vuelve incierto. Son tan escasos que a Martina le aterra perder una oportunidad, y ese temor la vuelve torpe. Si se muestra demasiado inteligente él podría sentirse intimidado, si demasiado tonta quizá se aburra, si demasiado seductora podría creerla necesitada, si demasiado distante quizá él tire la toalla. Su única esperanza es que ese hombre mínimamente adecuado sea lo bastante inteligente como para valorarla tal cual es y quererla a pesar de todo. Y eso no ha pasado nunca, es evidente, o Martina no seguiría buscando.

     Al final, a Martina le vence el desánimo y pierde a su hombre mínimamente adecuado. Otra vez sola y quizá para siempre porque ya no quiere buscar más. Está maldita, ella y todas las demás, de sobra conoce la lección. La maldición de las mujeres inteligentes es vivir en un mundo de hombres estúpidos.

06/05/2011 11:51. Autor: Tautina #. Brillos de plata Hay 11 comentarios.

Pareciera pero no

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Pareciera que tus ojos me repasen el vestido

valorando mis medidas con descaro entrometido.

 

Pareciera pero no,

es tu mirada inocente, que con fijarse un poquito

se advierte tu aire indolente.

 

Pareciera que te empeñes en citarme en mil momentos,

buscando siempre una excusa para furtivos encuentros.

 

Pareciera pero no,

que no esconde tal secreto el que un amigo y su amiga

queden en lugar discreto.

 

Pareciera que te pases a veces con tus caricias,

y que riegues con ternura el jardín de mis delicias.

 

Pareciera pero no,

que es muy común ese gesto de tomar la mano amiga

con sencillo y llano arresto.

 

Pareciera que me sueñes, que me ames en secreto

con ese silencio tuyo de misterio tan repleto.

 

Pareciera pero no,

que no es sobre mí ese sueño, que tu corazón no es libre,

que tu alma ya tiene dueño.

 

Pareciera al fin que seas más un amante que amigo,

provocador y lascivo, de las noches, al abrigo.

 

Pareciera pero no,

jamás tu tacto excediera el límite de lo honesto

por más que yo lo quisiera.

 

Y así, sigues siendo amigo,

aunque de adentro emergiera sentimiento apasionado

y yo pasión te pidiera.

 

Que esto no es amor, no.

No es, aunque pareciera.

20/04/2011 15:02. Autor: Tautina #. Cisuras de cristal Hay 5 comentarios.

El hombre al que amaban dos mujeres bellas

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   El hombre al que amaban dos mujeres bellas no podía decidirse. Conocía a Quimera desde hacía años y la quería, pero era un amor imposible. Ambos estaban unidos a sus respectivas ciudades, tan lejos la una de la otra, y les resultaba imposible estar juntos sin rasgar para siempre sus vidas y a sus familias. Se veían de forma esporádica, fines de semana y vacaciones y, mientras llegaba ese oasis de amor puntual, se llamaban y se escribían una pasión intensa, irreal de tan perfecta.

   A menudo, el hombre al que amaban dos mujeres bellas hablaba con Quimera de sus ilusiones y de su futuro juntos, pero la desesperación los invadía pronto porque su proyecto de vida, como su amor, era insostenible fuera de la burbuja virtual que los nutría. Se rompía Quimera y se rompía el hombre al que amaban dos mujeres bellas, y se rompió mil veces su burbuja sin que supieran encontrar otra forma de amarse.

   Entorno invadió la vida del hombre al que amaban dos mujeres bellas por sorpresa, de forma tan contundente y real, tan factible, que asustaba. Era bella, dulce y adecuada, tanto como la misma Quimera, y tan parecida a ella como las dos caras de una misma moneda de oro. Entorno era rubia, Quimera morena. La una de piel clara, la otra tostada, pero las diferencias eran tan nimias que el hombre se creyó el mortal más afortunado del mundo al saberse amado por dos mujeres tan bellas. Sin embargo, Entorno, la preciosa y complaciente Entono estaba cerca, casi a su lado, apenas había de extender un brazo, o cruzar unas calles, para mirarse en sus ojos de abismo profundo, y la cotidianeidad amenazó pronto con hacerle presa a fuerza de costumbre, casi sin darse cuenta. Era tan fácil amar a Entorno, encandilarse con ella, como complejo se le hacía seguir unido a Quimera.

   Pero el hombre al que amaban dos mujeres bellas no podía decidirse. La una estaba segura, aunque lejana, y la otra, tan cerca, todavía exigiría un largo proceso de conquista. La una estaba rendida, aunque perdida, y la otra aún habría de dejarse rendir entre sus brazos. Temió no estar a la altura, temió perder a ambas y, entre temores, no quiso ver el hombre al que amaban dos mujeres bellas que no decidirse también es una decisión.

   Entorno cerró sus ojos de luna llena y asintió, comprendiendo. Se quitó de en medio, siguió sola su camino y lo olvidó para siempre.

   Quimera también lo dejó poco después, cuando encontró cerca suyo a otro hombre, sin burbujas, sin fantasías, y tan parecido a él como las dos caras de una moneda de plata.

   Y el hombre al que amaban dos mujeres bellas vio hacerse realidad el peor de sus temores. Quedó solo. Volvió sus ojos hacia Entorno, pero ella ya no estaba, suplicó a Quimera pero tampoco ella lo quiso. Lamentando su suerte, el hombre al que amaban dos mujeres bellas entendió por fin la dura lección de los cobardes, que las decisiones se dudan o se toman en un segundo, pero después debes vivir con ellas para siempre.

12/04/2011 01:24. Autor: Tautina #. Cisuras de cristal Hay 6 comentarios.

Luna llena

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Mírala niña, tan redonda en el cielo,

la luna parece que jugase contigo.

Eres tan pequeña cuando ella preside

y sin embargo,

es verla brillar,

y hondo suspirar,

y crecerse tu alma inmortal a su abrigo.

A menudo en la noche,

sola en la calle,

sientes sus dedos de plata en tu talle.

Mírame niña —te dice un susurro—,

hace rato que brillo, rato ha que me aburro.

Juega a que soy pelota en el aire,

dame tres vueltas y bailemos un baile.

Sueña que tu mundo entero contengo,

dime donde voy,

di de donde vengo.

Y tú que ya sabes que es la luna llena

esa que rueda entre estrellas,

esa traviesa que aplaca tu pena,

la miras de frente,

el cuello estirado,

la miras y ves que no te has equivocado.

Y pasan las noches

y pasa aquel sueño

y entregas un día tu corazón a su dueño

paseando de su mano

por aquel jardín gastado.

¿Has visto niña, qué luna hay esta noche?

—pregunta enamorado el amor de tus vuelos—,

y tú dices negando,

con sonrisa de fe:

No, no la vi,

pero la sé.

Que ya me tocó en el talle,

que me hizo señas bien pronto,

que no necesito ojos,

pues me corre en cada vena

que esta noche hay luna llena.

08/03/2011 12:59. Autor: Tautina #. sin tema Hay 2 comentarios.


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