El amante de los preámbulos

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     Él temblaba como un niño cuando me preguntó, entre bromas, si podríamos hacer el amor en diez minutos. Yo lo veía ahí junto a mí, tan excitado, inseguro y asustado, mirando el reloj, sabiendo que se marcharía en un cuarto de hora y de nuevo, se llevaría intacto su eterno deseo.

     Siempre que venía a casa sucedía igual. Tomábamos una copa antes de la cena, charlábamos en el sofá, me contaba cuanto me había echado de menos y me hablaba de lo feliz que era a mi lado. Mientras, con esa delicadeza tan suya, me acariciaba la cara, me besaba los párpados, me repasaba el talle arriba y abajo y su voz se tornaba susurro a medida que la apetencia carnal emergía por pura fricción. Estando ya juntos, pegados rostro con rostro, besándonos y sintiéndonos, el bit bit de su reloj alarma nos devolvía a la realidad, y con ella, traía la evidencia invariable de que debía marchase a su casa, con su esposa, hasta la semana siguiente.

     De nuevo esa situación de amor contenido se repetía, pero hoy, por puro desvarío del destino, disponíamos de diez minutos más. Él me lo hizo saber con una docilidad y timidez tal que yo, que tanto lo quería y me importaba su complacencia, no dudé en darle lo que a mi modesto entender de amante amiga me pedía.

     Por eso me quité el jersey sin más preámbulos y me senté en sus rodillas, abrazándome a su cuello, y suplicándole que me acariciase. Y respondí a sus suspiros abriendo su camisa y lamiendo con dedicación su pecho. Después, cuando hizo lo propio con el mío, lo acuné en mi regazo, le amamanté como a un niño y deslicé mi mano en su entrepierna. Aún me sobraron unos minutos para desabrochar con destreza su pantalón y llevarlo de la mano casi al vértice del placer, gimiendo y retorciéndose entre mis brazos, más como un león que como un hombre.

     Pero, de pronto, se desinfló entre mis dedos, empequeñeciéndose hasta la más pura flacidez. Lo miré sin comprender y encontré unos ojos huidizos, culpables de humillación. Quise decirle que no importaba, que sucedía a veces, que eran los nervios. Quise espantar su vergüenza, reparar su orgullo herido de hombre, pero antes de que pudiera decir nada, él se levantó de golpe. Yo, que estaba encima, caí aparatosamente al suelo.

     —Menuda golfa estás hecha —gruñó mientras se abrochaba el pantalón.

     Y sin una palabra más, se marchó.

     Cerró de un portazo y ahí me quedé, tirada en el suelo, caliente, expectante y sola, escuchando como se alejaba, al otro lado de la puerta, el bit bit de su reloj alarma.

22/11/2009 01:22. Autor: Tautina. #. Tema: Reflejos eróticos. Hay 1 comentario.

Amor perfecto

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      Hay días en que me puede el deseo. La soledad de mi cama se vuelve una soga suave que ata mis muñecas mientras me recuesto sobre el lecho, y me muevo sinuosa entre las sábanas, meciéndome en mis propios suspiros.

      Te deseo, y ansío el contacto de tu piel rozándome y rozándose con todo mi cuerpo. Te añoro, y busco para ti cada rincón furtivo de placer tranquilo. Mis dedos se guían por el recuerdo de tantas manos y siguen el rastro que dejaron en mi cuello, mi pecho, mi vientre y el nexo acogedor de mis muslos ardientes.

      Ansío tu boca golosa y tu lengua revoltosa y las rememoro lamiendo mis dedos con deleite, entre suspiros, ávida de ardores y humedades.

      Y mi amor tranquilo se vuelve primitivo al ritmo de mis propias fantasías. Codiciándote  como te codicio, y sintiéndote dentro de mí guiado por mis dedos conocidos, no puedo evitar sucumbir entre gemidos al delirio que nace entre mis piernas y sube por mi espalda, para estallar en mi cabeza. Mi razón se nubla y mi cuerpo, desnudo y brillante de lujuria, se arquea tensado con las flechas del malévolo Kandarpa.

      Entonces, sonrío jadeante aún, satisfecha y feliz de tenerte en mi pensamiento, desarreglada y tranquila porque en realidad no existes. A fuerza de método, te he hecho insuperable para el placer y para la armonía de pareja, pues cuando te necesito eres y estás y, cuando no, desapareces.

      El mío es el mejor amante imaginario que pueda crear la mente humana. Soy la orgullosa dueña del amor perfecto. Soy la mujer más sola de este mundo.

03/11/2009 11:48. Autor: Tautina. #. Tema: Reflejos eróticos. Hay 6 comentarios.

El feo Nicoleto

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Nicoleto se llamaba
ese ser tan especial
que a todos desconcertaba
con su nombre sin igual.
Y tenía Nicoleto,
y tenía él, además,
unas napias y una tripa
que eran ya lo más de más.
Semejante personaje
no se podía esperar
que una hembra se fijara
en su porte, tan rural.
Sin embargo sucediera
que una hembra se fijo,
y del sin par Nicoleto,
ella fue y se enamoró.
Aunque había que mirarla
a la fémina en cuestión,
que si el Nico era feúcho,
ella era con más razón.
¡Una cara de caballo…!
¡Un cuerpo de centurión…!
¡Unas piernas de herradura…!
Más que mujer, ¡mujerón!
“¿Como te llamas?”
preguntó Nicoleto muy cortés,
“Mari Fe de las Virtudes”
contestó con interés
la jacona enamorada,
e hizo un ademán francés.
“Anda ya -replicó el Nico
riéndose sin parar-
tú no te llamas Virtudes.
Dime a ver, ¿adónde están?”.
“¿Adónde están lo qué dices?”
“Las virtudes ¿qué va a ser?”
“¿Tú de que vas, Nicoleto?
¿Es que te has mirao al revés?
Si eres más feo que un mono
¿Qué virtudes quíes ver?
Dime a qué estas aspirando
siendo mulo con ronzal.
Si yo fuera moza guapa
en ti me iba a fijar”.
 “Mi portento está adentro
-dijo airado Nicoleto-
hay que buscarlo con tiento”.
“Pos ven pacá que te busque
y verás tú mi talento,
que si el tuyo está escondío,
el mío ya ni te cuento”.
Así encontraron al fondo
el tesoro prometido,
este feo y esa fea
que al final habían metido.
Pues aunque sea pecado
ser, más que guapo, bien feo,
también gozan -¿Qué te crees?-
del derecho al apareo.

28/10/2009 00:36. Autor: Tautina. #. Tema: Cisuras de cristal. Hay 3 comentarios.

Los estadios de mi mono blanco

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      A veces sucede que mi pensamiento, tan sencillo y figurativo siempre, se me vuelve de pronto abstracto y se me aísla de la razón. Me torno pincel mojado en guache y dibujo trazos fauvistas entre las letras de mi mente en blanco. El resultado es un paisaje onírico de palabras complejas cuyo sentido descansa en lo profundo de un abismo Gauguiniano. Por suerte, semejante paranoia artística sólo me ataca en contadas ocasiones y, puesto que nadie más que yo misma me entiende, pasa desapercibida para el mundo.

      Pero he aquí que por una vez, sólo una, otros ojos vislumbraron esos brochazos entre las letras y el pequeño hiperbreve “Estadios de mi mono blanco”, fue elegido entre casi mil textos de diferentes autores para formar parte de un ameno y apetitoso libro de microrelatos de la Editorial Hipálage.

      Más cuentos para sonreír se llama la obra en cuestión y, tal como reza su publicidad, es realmente alegre, optimista y agradable de leer.

      Creo yo que no me permitiré más desfases o que, de hacerlo, éstos no llegarán de nuevo a la categoría de letra impresa, así que éste es el plan: si cualquiera de mis cuatro admiradores anónimos desea conservar una joya abstrusa y única de Tautina Vaiamalla, ya puede comprar el libro pulsando el siguiente enlace o, tal como insiste la editorial, en cualquier librería de España.
      Después, sólo debéis poneros en contacto conmigo y, muy gustosa, me cortaré una oreja para que veáis cómo semejante tesoro se revaloriza en vuestras manos.

18/10/2009 22:10. Autor: Tautina. #. Tema: Tras el espejo. Hay 5 comentarios.

Antoñico el de la Pollera

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    Pues hoy es obligado que les cuente, porque todo el pueblo habla de ello, que han ingresado al Antoñico, el hijo de la Jose la Pollera; un zagalico retrasado que no tendrá más de quince años, aunque con lo grandote y gordo que está, aparenta sus veinte abriles. Esta misma mañana ha sido, que avisaron a la policía y se lo llevaron de cabeza para el psiquiátrico de la Arboleja. Lo vinieron a detener en la puerta de la carnicería, porque estaba dando voces y golpes en los cristales y asustaba a la clientela que se arremolinaba en el interior sin atreverse a asomar la nariz fuera del comercio.

    Aunque esté mal reconocer que en estos tiempos todavía existan estas cosas, el Antoñico viene a ser como el tonto del pueblo. Procedente de una familia humilde y con tan pocos recursos como cultura, la Jose la Pollera, su madre, lo ha criado más mal que bien, entre el servicio en una casa y otra, al abrigo de las hermanas mayores o por las calles, según viniera en ocasión. Durante un tiempo les anduvo detrás la asistencia social, pero como el crío no hacía daño a nadie y la madre lo tenía atendido y limpio, acabaron por archivar el caso con una pensión medianita, y una visita dos veces al año al centro social de la zona, para cubrir el expediente.

    Y la cosa iba bien hasta hace seis meses, que la Pollera se puso mala y se metió en cama, y ahí empezó el zagal a sacar los pies del tiesto.

      No es que haya sido culpa de él, no, que ha sido más cosa del padre. El hombre, que no tiene conocimiento ninguno, lo veía mayor y se lo llevaba a los bares (porque al Antonio padre le tira más la botella que el respirar). Y entre carajillo para él y cerveza para el nene, el Antoñico se embrutecía y hablaba barbaridades para deleite y guasa de todos los borrachos de la barra.

    El final de esto se veía venir cuando el padre se quedaba en el bar y mandaba al Antoñico a correr las calles alcoholizado, grito va y grito viene, sin control, ni gobierno. Lo primero que le dio por hacer, fue mearse en cualquier esquina, como los perros, sin atender a razones o amenazas. Y, después, ya que andaba con la cuca fuera, le dio además por enseñársela a todas las crías del pueblo.

    Y de esta guisa lo han encontrado los municipales esta mañana en la puerta de la carnicería; apestando a coñac, con los pantalones bajados, aporreando el escaparate y diciendo obscenidades a las ancianas que se santiguaban dentro. Dicen que lo han ingresado para siempre, que a su casa no vuelve porque la Pollera a firmado como que renuncia a él y a la pensión que recibía. Con todo el dolor de su corazón lo ha dejado a cargo de la Comunidad Regional por ver si así lo atienden como deben. Dicen que no está en el pabellón de los locos, sino con los deficientes como él, y que en unos meses lo pasarán a otras instalaciones de régimen abierto y ya podrá recibir visitas. Dicen que es de esperar que acabe en un colegio o un centro-escuela de esos donde aprenden una ocupación y que, al final, que se lo hayan llevado va a ser lo mejor.

    Pero claro, igual lo dicen para calmar la conciencia colectiva porque en realidad, para qué nos vamos a engañar, tanta lástima y tanto preguntar, con lo que se ha zurrido por las calles el caso, era más que nada por saber si al fin descansamos en el pueblo del pobre Antoñico y de su dichosa cuca.

15/10/2009 13:51. Autor: Tautina. #. Tema: Cristales rotos. Hay 3 comentarios.

Pornografía

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     Desde que puse el dichoso cartelito de “Sólo mayores de 18” he ido viendo con sorpresa que ya no sólo las fotos que ilustran mis escritos, sino los textos mismos, se publican en otras webs de dudosa moralidad y corte sexual, siempre citando el nombre y procedencia. Lo que, a pesar de todo, es de agradecer.

     Ahora suelo encontrarme en otras casas virtuales, a menudo destinadas a la autosatisfacción, mis cuentos más líricos (aquel sobre el despertar de la madre tierra o ese otro acerca del amor de las mascotas), rodeados de enhiestos miembros viriles y mujeres de pechos descomunales que los acogen.

     Yo ni siquiera quería poner ese cartel, ¿saben? Siempre he sido cuidadosa con la letra y artística con la imagen, y pienso que cualquier jovenzuelo capaz de no aburrirse en la segunda línea con el intrincado simbolismo de mi prosa erótica, se merece, cuando menos, la recompensa de disfrutar de ella. Sin embargo, mi hijo de doce años (que sólo ha visto la página inicial de pasada y jamás leyó un texto), contaminado ya por la doble moral social que nos rodea, tan mojigata y políticamente correcta, me insistió en que pusiese esa advertencia. Y fíjense ustedes en el resultado.

     ¿Pero cómo habría de extrañarme? Ahora, una serie televisiva de gran éxito tienen asociadas en su título las palabras tetas y paraíso. Resulta tan gracioso… O esa otra, que sorpresivamente no hace vomitar a nadie, en la que un cuarentón gilipollas seduce a una menor de la edad de su hija y la mía… No, no es de extrañar la confusión del in crescendo. Los límites entre la travesura, la sensualidad, el erotismo y la pornografía, se difuminan en un lodazal mediocre de exhibicionismo.

     Incluso mi dulce Susana Moo, la provocativa princesa de los pies de porcelana, se permite comparar mis palabras de fantasía con su retórica de sexo explícito porque, oye, viene a ser lo mismo, ambas escenas se desarrollan en la cocina. No, Susi, no, lo parece, pero no es lo mismo.

     Sin embargo, es imposible distanciarse lo suficiente para baremar con buen criterio. Todos (y nos meto en el mismo saco y que se salga el que pueda) andamos inmersos en esta vorágine del quiero y no puedo ser más licencioso, ofensivo, lujurioso, lascivo y, por ende, actual.

     Creo yo que habrán de pasar cien años para que ésta época nuestra se mire con la imparcialidad que da el tiempo. Otros serán los que pongan la barrera delimitadora entre lo popular y lo vulgar, entre lo perdurable y lo olvidado, entre lo original y lo mediático, entre lo erótico y lo pornográfico que pululó en nuestro momento. Quiera Dios que, aunque sólo sea por mi dignidad y esfuerzo, Tautina Vaiamalla quede al fin a este lado de la línea.

05/10/2009 10:51. Autor: Tautina. #. Tema: Cisuras de cristal. Hay 9 comentarios.

Los hombres no saben nadar

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     ¿Qué sirena no ha soñado, harta de cobardes tritones, con el amor de un hombre adulto? ¿Cuál de ellas no deseó alguna vez que un caballero de los de antaño, hombre digno y consecuente, se dejase embaucar por su canto?

     También yo soñé mil años con ese navegante intrépido que llegase hasta mi roca sin amilanarse, que arrancase a mordiscos mi cola y encontrase, al fin, a la mujer que se esconde tras las escamas de plata.

     Lo soñé, sí. Pero el tiempo y la experiencia me enseñaron que una hechiza con su canto al viajero que se le cruza en el mar, que lo mece en olas de fantasía mientras el viento es favorable, pero que luego, debe arrastrarlo hasta las rocas para abandonarlo allí a su suerte. Tal es el sino de la sirena. Y tantas veces que intenté cambiarlo, casi pereció mi corazón empujado por su barco a la deriva.

     Debes saber, mi pequeña aprendiz, que el hombre adulto, como el tritón, es temeroso de todo aquello que desconoce, y se encoge como un pececillo asustadizo al primer chapoteo. Se aferra a su barcaza cotidiana, a veces solitaria, a veces poblada de obligaciones, pero siempre triste, porque el mar le parece muy inmenso.

     Y no te engañes creyendo que espera tu mano para tomar nuevo rumbo, o que serán suficientes tus promesas de un mundo maravilloso bajo el mar. Si acaso embrujado por tu canto, la mano del hombre llegase a tocar el agua fría, lo verás retraerse como el cangrejo en su concha y susurrar estúpidas excusas:

     “Si abandonase el barco se rompería y nada me quedaría” ,“mi tripulación es jovencita y me necesita”, “estoy atado al palo mayor para la eternidad, por las cadenas de mi fingida realidad”…

     No te engañes, pequeña, ningún hombre se lanzará al mar por ti. Que su miedo no haga mella en tu orgullo, aunque te erijan en única responsable de su cobardía. Lo cierto es que, algunos hombres adultos, nunca aceptarán su verdadera maldición. Ellos no saben nadar, aunque sigan soñando con sirenas.

28/09/2009 14:12. Autor: Tautina. #. Tema: Cristales rotos. Hay 6 comentarios.

La mujer que hay en mí

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     La mujer que hay en mí hace castillos en la arena, e imagina que es la concha  de nácar que habita esa fortaleza en miniatura. Otras veces, amontona piedrecitas a la orilla del camino, y se torna de nuevo en ser diminuto, tan pequeña como una abeja, para escalar la montaña y colarse por cada recoveco entre esas piedras. Y así, fantasea ser minúscula a cada poco.

     La mujer que hay en mí atesora flores secas en los libros viejos. Cuando descubre una de ellas con los años, la observa con atención y el corazón encogido de emoción. La coge delicadamente, le da vueltas, la huele y la apoya en el hueco de su mano como una frágil joya, para después esconderla de nuevo en otro libro y volverla a olvidar.

     La mujer que hay en mí no es adulta responsable, sino chiquilla traviesa e insufrible. Es amiga de la broma del “aquí te pillo, aquí te asusto”, de peleas con cojines, de la mano mordedora, y de jugar con las muñecas de su hija, que viste amorosamente cuando las ordena en el baúl. Caprichosa con aquello que se le antoja, frunce el ceño cuando no lo consigue y busca con sagacidad la vuelta de la situación que le permita salirse con la suya.

     La mujer que hay en mí es profunda y pensadora, pasa muchas horas hablándose mientras sus manos se entretienen en la monotonía. Se pierde dentro de sí misma, se cuenta sus miedos y sus sueños, y se contesta verdades y mentiras. Se habla y se escucha, se riñe y se estima, se abate y se alienta, sin que nadie de fuera pueda llegar a imaginar lo que acontece en su interior.

     La mujer que hay en mí es toda ella sapiencia en desarrollo, que atiende con ojos de búho cualquier resquicio de cultura que pase por su lado. Observa, escucha y absorbe cuanto pueda enseñarle aquel o aquello con que se cruce, y aprende, aprende ávida, pues conoce la gran verdad de saber que nada sabe.

     La mujer que hay en mí se siente, sobre todo, artista. Ve las emociones de los colores, aprecia las texturas de lo que roza, y percibe el alma de  aquellos objetos que poseen alma. Sabe hablar con la luna, respirar la noche, escuchar al viento, adivinar las mentiras de las nubes, beber la lluvia y venerar al mar. Conoce el susurro de los hados, la magia de la elaboración y el leve destello del talento.

     Así pues, en mí habita un hada, una guardiana de tesoros, una niña, una mística y una sabia. Pero bien haría el mundo con postrarse en mi presencia, pues conforme descubro, sobre todas las yo que en mí viven, reina el alma fuerte y libre de una creadora generosa. Y eso, pobres mortales, me convierte a vuestros ojos en venerada diosa.

20/09/2009 15:06. Autor: Tautina. #. Tema: Brillos de plata. Hay 4 comentarios.

En mi cocina

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     A veces pasa, mientras cocino, que mis manos se mueven mecánicamente, removiendo el guiso, y la mente se me pierde en los laberintos de mi imaginación.
     Y entonces pienso en ti, que llegas por detrás para abrazarme suave y besar mi nuca. Pasas una mano por mi cintura y con la otra me retiras el cabello, tan delicadamente que, antes de sentir tus labios, ya me estremecen las yemas de tus dedos.
     Y comenzamos un suave baile contrapuesto, yo de espaldas a ti y tú frente a mi espalda, vaivén acompasado sin miradas cruzadas, pues yo vigilo la olla y tú, quién sabe si andarás espiando tras la curva de mi cuello.
     Aún así, sin mirarme, me diriges con esa mano que abandonaste sobre mi ombligo, moviendo nuestras caderas a derecha e izquierda, y me besas, bajando del cuello al hombro y vuelta a subir.
     Y siento que cambias el paso para rozarte contra mí, y esa mano abandonada, que dejó atrás mi vientre y ya pasea indiscreta sobre mi pecho, cobra vida, atrayéndome hacia ti, mientras tu cuerpo me empuja sobre la encimera.
     Se diría que quieres atravesarme con tus envites, se diría incluso que quieres herirme, porque tus besos ahora muerden, tus manos pellizcan y la dulzura de tus palabras se ha tornado urgencia. Un “te deseo” resuena en mi cabeza y me estremece.
     Entonces tomo aire, suspiro y, de pie, tal cual estoy, acaricio mi tobillo izquierdo con el empeine de mi pie derecho. Todo se difumina, la olla borbotea, y sonriendo, vuelvo a remover el guiso, en mi cocina.

12/09/2009 14:08. Autor: Tautina. #. Tema: Reflejos eróticos. Hay 13 comentarios.

Tengo un manto

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     Tengo un manto espeso que cubre mis espaldas, dicen que es de hierro y seda, forrado en terciopelo. Lo anudo al cuello con lazada de oro, y cubro con su capuz mis pensamientos. Con él me abrigo, y me protejo, quedando a salvo de dañinos sufrimientos, pues es tan grueso, tanto, que llevándolo ni siento ni padezco.
     Mi manto crece cada vez que lo deseo, y arropa en su abrigo a aquellos que más quiero porque, dentro de su abrazo, nadie corre riesgo. Crece sí, pero cuesta retenerlo, y cuanto más grande se hace, aún es más intenso. Su peso me incomoda y me estrangula la fuerza de su abrazo en mi pequeño cuello.
     A veces me pregunto si no sería mejor quitarme el manto, dejar mi corazón al descubierto, librarme de este peso que me ahoga, apartar a los míos de su efecto. Me lo pregunto pero no me muevo, ni hago un vago esfuerzo por descoserlo.
     Es el mío un manto valioso, costeado con el sudor de muchos años, tejido de dolor y desconsuelo. Me lo dio una vieja amiga hace ya tiempo. Soledad dijo llamarse, y yo la creo.

01/09/2009 13:33. Autor: Tautina. #. Tema: Cisuras de cristal. Hay 7 comentarios.

El largo paseo

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Escribí este texto en Septiembre de 2005, pero hay una buena razón para recuperarlo ahora, espero que sepais disculparme.

      La verdad es que este paseo nos hacía falta a los dos.
      Solos, deambulando por la playa a la luz de la luna, recorriendo la orilla, esquivando a saltitos las suaves olas que prueban a lamernos los pies. Juntos y tan tranquilos, sin los niños, sin ella…
      ¡Cuánto tiempo hacía! Sí, bobo, me he dado cuenta ¿Te crees que no lo sé? ¿Crees que yo no echo de menos nuestros momentos? Desde que la pequeña llegó a casa, ha acaparado toda mi atención, todos mis cuidados, pero es normal, es muy chiquitita. Y ya puestos a hablar del tema, es natural también que los niños tengan celos. Pero tú, tú eres un adulto, pensé que me ayudarías a cuidarla, que estarías encima de ella, y resulta que te acuerdas de que existe sólo cuando yo la tomo en brazos. Eso, hazte el desentendido, tú adelántate a ver esa caracola e ignórame.
      Anda, ven. Es agradable pasear descalzos por la playa, ¿verdad? Como hace años, cuando aún no estaban los niños, ni esos ofensivos carteles de prohibido ¿Te acuerdas? Cada verano, noche sí y noche también, bajaba contigo a pasear por esta playa, con mi vestido de gasa, mis sandalias en la mano y mis pensamientos en la cabeza. Sé que adoras estos vestidos largos y vaporosos míos porque, cuando caminas a mi lado, la brisa del mar te acaricia con la tela y te hace tropezar y enredarte. Y entonces, chapoteas divertido con las olas tenues que llegan a la orilla y yo gruño porque me salpicas. En esos momentos me sacas de mi ensimismamiento, pero pronto me dejas evadirme otra vez, soñar mirando las luces distantes del paseo reflejadas en el mar, la bahía sembrada de comercios iluminados, la luna majestuosa y brillante, allá al frente.
      Intuyes que eso es lo que necesito. Caminamos en silencio, escuchando la música lejana de los bares de copas y el cercano arrullo del mar, sintiendo el olor del salitre abrir nuestros pulmones.
     Siempre has sabido estar a mi lado, y debe seguir siendo igual, aunque ella esté aquí nada ha cambiado, tú sigues siendo mi compañero de meditaciones favorito.
      Además, no puedes quejarte, cuando la veterinaria me dio la pequeña gatita, lo primero que hice fue enseñártela a ti a ver que decías. ¡Vamos! Te la planté en los mismos morros para que la vieras bien, así que ,si tenías algo en contra, ése fue el momento de quejarte. Pero no, entonces te pareció bien que esa pequeña felina entrase a formar parte de la familia, hasta te hizo tanta gracia que estuviste jugando con ella horas y horas, aunque ahora no lo reconozcas.
      Lo que no puede ser es que te dé igual que los niños la trajinen todo el día, que ni la mires cuando pasea fanfarrona frente a ti, que te importe un pimiento que los demás le hagan carantoñas. Pero que todo sea cogerla yo, y ponerte a incordiar y a subirte encima de mí. No, no, déjate de salpicarme que esto es serio, Pancho. Que sí, que tú estabas antes, que sí, que eres el perro de la familia, que estamos de acuerdo en que cuidas la casa y la gatita carece de utilidad, pero haz el santo favor de superarlo y dejarte esos celos pueriles, que me tenéis loca entre todos.
      Ya tienes ocho años, Pancho ¡Y eso en un perro es mucha adultez!

‡‡‡‡‡  

 

         A la memoria de Pancho (1996-2009), mi mejor y más leal compañero estos últimos trece años. Te lloraré al menos otros trece, querido amigo.

19/08/2009 19:51. Autor: Tautina. #. Tema: Cristales rotos. Hay 11 comentarios.

Cuarto menguante

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     Siempre me enseñaste como un maestro paciente. Me aleccionaste sobre tus gustos, tus formas, tus preferencias y te descubriste vulnerable mostrándome tus límites. Yo los traspasé mil veces con descaro y aprendí una nueva lección cuando volviste, con zozobra galante, para enseñarme un poco más.
     Me instruiste sobre todo aquello que conocías y, maldito arrogante, también sobre lo que desconocías. Me enseñaste (sin saber) de mí misma, de mi capacidad para sentir, para voltearme una y otra vez de dentro a fuera y a dentro de nuevo, como la bailarina con sombrilla de encaje que juega a hacer equilibrios sobre el fino cordel de la demencia. Casi me volviste loca, sí, pero también comprendí que siempre he sido así.
     Durante años enrollé primorosamente los mensajes que te escribía, los até con un fino lazo de satén rojo y los deposité en la cestita de mimbre que cuelga del cuerno de la luna. Y durante años, al hacerlo, recogía los tuyos de esa cesta.
     Un día todo terminó. Y otro también. Y otro. Terminó tantas veces que descubrí que algunos finales no duran para siempre, y aquella fue tu última lección magistral. Ya no quedaba más que aprender, que profundizar, que experimentar. Me lo entregaste todo, hasta tu viejo traje de maestro, y al hacerlo, de ti ya sólo quedó el hombre.
     Los restos de la luna brillaron mil noches sin que en su cesto durmiera ninguna otra lección, y acabé por cansarme de mirar al cielo.
     Esta noche brilla mi luna mora. Esa luna mentirosa, cuarto menguante, de cuyo cuerno cuelga nuestra cestita de mimbre que hoy nimba un nuevo mensaje:
     “¿Recuerdas mi última lección, que algunos finales no duran para siempre? Bien, pues repasemos el resto…”

19/08/2009 00:32. Autor: Tautina. #. Tema: Brillos de plata. Hay 3 comentarios.

Diferente

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   Nació deforme y retorcida, como la mala hierba, mas como su arriate era el del regio arbusto de la rosa, nadie se atrevió a cortarla en sus orígenes.

   Creció con esfuerzo y desespero, pues mientras a sus hermanas la savia les llegaba con fluidez y abundancia, ella apenas podía sorber por su retorcido tallo la cantidad necesaria para subsistir. Y hasta el nutritivo sol dudaba de bañarla con sus rayos, porque en vez de desplegarse espléndida y altiva ante él, se escondía bajo grandes hojas y tallos familiares.

   Así se desarrolló y maduró, compleja y distinta, mirando en la dirección opuesta, sintiéndose ajena a los sentires del rosal, junto a tantas mellizas que la acompañaban y no la comprendían. Y floreció confusa.

   Por eso yo, que paseaba por el jardín mientras desplegó sus pétalos, la miré con ojos todopoderosos, y la elegí sobre las demás para morir.

   La corté esa mañana. Cercené su tallo y su vida, que vi escaparse lánguidamente entre mis manos. Murió  la flor de deformidad maravillosa, murió por mi gusto y para mi disfrute, pues era diferente a cualquier rosa y, en consecuencia, entre todas era la más hermosa.

11/08/2009 01:48. Autor: Tautina. #. Tema: Brillos de plata. Hay 6 comentarios.

Cuento

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    Sarita se sentó frente a mí, sobre la mesa, y me miró preocupada:
    —¿No escribes?
    Me habló con esa minúscula voz de las hadas, grave y tintineante, que restalla en el aire como latiguillos de magia. Agitó sus alas y preguntó de nuevo:
    —¿No escribes?
     Yo negué con la cabeza y miré para otro lado, omitiéndola, el reloj marcaba las tres de la madrugada. Continué recostada en mi sofá, abrazada a mi cojín, ocupada en mis tristezas. Con un poco de suerte, si la ignoraba el tiempo suficiente, Sarita se volatilizaría, o bien explotaría en mil puntos luminosos de puro cabreo.
    —Así que no escribes.
    Alzó el vuelo y dio un par de vueltas sobre mi cabeza, el polvillo de oro de sus alas caía molesto sobre mis pestañas, obligándome a cerrar los ojos. Le soplé para apartarla y rodó en el aire con una voltereta improvisada. Un instante después se instalaba en mi hombro.
    —Vamos, escribe de una vez.
    —Está bien, escribiré —dije al fin.
   Me levanté con decisión, me sacudí a Sarita del hombro y me senté frente a mi ordenador. Ella acudió rauda, revoloteando entre retintines, a sentarse en una esquina del monitor desde la que tenía una buena perspectiva del documento de trabajo.
    —Voy a contar al mundo que tengo mi casa llena de hadas pertinaces, entrometidas y muy molestas. Escribiré como me perseguís a todas horas, me sacáis de la cama, me impedís comer y hacéis del todo imposible que me concentre en mis obligaciones diarias. A ver, no te muevas, que te quiero describir con detalle.
   Sarita agitó las alas coqueta y se arregló los bucles rojizos de su frente. Posó encantada durante un buen rato, cruzando las piernas, desplegando sus pequeñas alas de libélula, soltando chispitas de luz por sus traviesos ojos y haciendo tintinear los cascabeles de sus tobillos, tal como haría cualquier hada en disposición de ser descrita con todo lujo de detalles.
    —Voy a escribir sobre ti, Sarita, y lo claramente que te veo ahora mismo, ahí sentada, en lo alto de mi pantalla, con las piernecitas colgando. Cuando otros lo lean, entenderán mi demencia y me llevarán a un sanatorio. Entonces te perderé de vista, os perderé de vista a todas, porque allí sumergen la magia en pastillas hasta ahogarla.
    Sarita rompió a reír, con una risa gorjearte y molesta, como las pompas de jabón que te explotan junto al oído. Se puso en pie sobre el monitor, se sacudió la falda, impregnando la pantalla y el teclado de su dichoso polvo dorado, y me miró desde la profundidad de esos ojos de ópalo.
    —Tautina, mi pobre Tautina Vaiamalla, nadie va a creer que existo por muy fielmente que me describas. ¿Aún no has aprendido la lección? Si cuentas fantasías como si fueran realidades, si las escribes y afirmas que son ciertas, no te llamarán loca. Por más que te empeñes, mi infortunada amiga, ellos sólo pensarán que es otro de tus cuentos.

27/07/2009 22:34. Autor: Tautina. #. Tema: Brillos de plata. Hay 9 comentarios.

Cumpleaños

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Escribir la novela de mi vida.

Plantar un baobab.

Viajar a la luna, otra vez.

Desenmascarar al Príncipe Azul.

Hacinar en una gran isla desierta a todos los intelectuales del mundo.

Rechazar las insinuaciones sexuales de Arturo Pérez Reverte.

Demostrar la existencia de extraterrestres entre nosotros.

Hacer un master de jardinería en Irlanda.

Volver a ser niña.

 

Cuarenta años ya... Y aún con tanto por hacer.

14/07/2009 00:42. Autor: Tautina. #. Tema: Brillos de plata. Hay 10 comentarios.

Suicidio

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Indudablemente, es más fácil morir que soportar sin tregua una vida llena de amarguras.
Johann Wolfgang Goethe.

      Yo me suicidé una vez, hace mucho tiempo. Tenía trece años y, lo recuerdo nítidamente aún ahora, hacía una semana que me habían violado, aunque hasta hoy nunca antes se lo había contado a nadie.

      Fue mi vecino, un viejo solitario y huraño cuya terraza lindaba con la mía. Y, si denigrante fue el abuso, más lo fue que los niños de la calle de atrás lo observasen todo desde la ventana de su cuarto sin hacer nada.

     Unos días después, mi padre me arrastró de los pelos por toda la calle, descalzo y en pijama, hasta un parque cercano. Quería que identificase a esos golfos, según él amigos míos, que tocaban el timbre de casa y me insultaban a todas horas, y que en realidad eran los únicos espectadores de la violación que nunca denuncié.

     Al día siguiente, esos mismos niños rizaron el rizo de la burla cruel apaleando a mi mejor amigo. Mientras le pateaban, trataban de conjurar su propia suerte advirtiendo al resto de muchachos de la calle, a voz en grito, de que cualquiera que se acercase a mí se contagiaría de mi demostrada mariconez.

      Supongo que por eso me suicidé. Porque me sentí ínfimo viendo como le rompían la nariz y dos costillas al buenazo de Paquito mientras yo no hacía otra cosa que llorar. O quizá me encontré desvalido ante el abuso. O humillado por la vergüenza pública. O demasiado solo en el mundo.

      También puede ser, y yo creo que esto será lo más probable, que me suicidase simplemente porque tenía el medio y carecía del juicio. Un arsenal de calmantes, estimulantes y todo tipo de drogas para el tratamiento de las depresiones de mi madre, me esperaron siempre en el primer cajón de la cómoda, para cuando ya no pudiera, ni quisiera, aguantar más mi sufrida adolescencia.

     Fuera por el motivo que fuese, yo me suicidé esa noche. Tragué cuantas pastillas pude, de mil colores y formas, acompañadas de todo el coñac que logré ingerir, hasta que perdí el conocimiento.Y morí.

      Tres días, y dos lavados de estómago después, salí del hospital arrastrando la vergüenza de haber muerto, además de una perpetua intolerancia psicosomática a tragar cualquier tipo de cápsula y a olfatear siquiera de lejos el coñac.

      Han pasado muchos años desde aquello, pero nada ha cambiado. He seguido consumiendo la vida de prestado que me tocó en suerte. Me he drogado y desintoxicado diez veces, he delinquido por dinero y por sexo, he estado en la cárcel, he sufrido dolores indescriptibles, he padecido las vergüenzas más denigrantes, he enfermado, he perdido todos los dientes, he llorado mil veces y he envejecido demasiado pronto.

      Y cada día abro los ojos en un lugar distinto preguntándome cuánto más durará este dolor eterno, porque ese día, el día de mi suicidio, yo morí y desperté en el infierno.

30/06/2009 17:27. Autor: Tautina. #. Tema: Cristales rotos. Hay 6 comentarios.

La carta del admirador

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      Hoy he recibido una hermosa carta de amor.
      En realidad no es de amor propiamente dicho, pues quien me escribió jamás me deseó, admiró y anheló como supongo yo que ha de hacerse con la amada. Pero tampoco puedo decir que sea una carta amistosa, pues he sentido cada párrafo hasta llenarme los ojos de lágrimas emocionadas, cada frase ha jugado distraída a seducirme y cada palabra me ha acariciado suave y lascivamente, como habría de hacerlo en los preliminares el buen amante.
      Yo, que valoro más que otras el cariño, por la pura necesidad de afecto que arrastro, puedo decir entre el pudor y el orgullo que hoy me sentí amada, y en equivalencia (o mejor en correspondencia porque fue por carta) también amé.
Y sucedió, como sucede siempre en estos casos, que mi interlocutor postal hablaba de una que no era yo, o sí lo era aunque en secreto, pues opinaba de una parte de mí que jamás muestro a aquellos que me miran a los ojos. Él se refirió a una mujer libre que se expresa desde la boca del estómago, una llena de sueños y fantasías, que vive imaginando mundos mejores y que trata de construirlos con más o menos talento. Esa cuyo seudónimo apenas se vislumbra al otro lado del espejo y que jamás asoma en el mundo real, esa pérfida casquivana que soy yo misma y no lo soy, enamoró a mi amado.
      Y sucedió, como también es más que habitual, que yo lo idealicé igualmente al tiempo que lo leía, pues se erigió en caballero defensor en la injusticia, ofendiendo (con más furia que acierto) a quien desdeñó mi literatura. Después me cubrió de halagos, me acunó en sus brazos largos como largas frases y me acarició la ilusión con promesas de encuentros futuros frente a un café.
      Me dejé mimar mientras le leía llamarme “preciosa rubia”, un nuevo apelativo al que sumó, por si acaso, el de “mujer inteligente”, mezclando así agua y aceite en un intento de hacerme sentir especial.
      Me enamoré de él a golpe de letras. Y cuando, en su última frase, se despidió con cariño y caricias para las dos, lo quise más, pues nos supo distintas a esa otra y a mí y, aun así, nos acarició a ambas.
      Así que aquí ando ahora, enamorada y aturdida, pensando si le contestaré, qué le diré y cuánto fingiré. Poco a poco, siento que el efecto narcótico del enamoramiento se diluye y todo vuelve a su cauce. Para cuando le conteste sonaré simplemente agradecida y él no notará nada. Todo estará bien.
      Siempre me sucede lo mismo. No sé que sería de mí si mi vieja e inteligente agente editorial, que lleva las riendas de mi vida, no me tuviera terminantemente prohibido flirtear con todos mis admiradores.

17/06/2009 21:32. Autor: Tautina. #. Tema: Brillos de plata. Hay 10 comentarios.

El calco deshonesto

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     A menudo he escuchado historias sobre plagios en Internet. Hay incluso verdaderas leyendas urbanas que hablan de cómo reputados escritores encuentran su inspiración (párrafos enteros de calco inspirador, letra a letra) en las obras de autores desconocidos que pululan por la red. Mis amigos insisten en que debería proteger lo que escribo y no hacerlo público alegremente para consumo de cualquier pícaro copiador, pero a mí nunca me ha importado. No soy tan importante como para que lo remedado pueda tener algún valor.
     Hace unas semanas, mirando mis estadísticas, me sonreí al descubrir que alguien había llegado a mi blog buscando la frase “el mar en cien palabras” que es exactamente lo que se solicita en las bases de un pequeño concurso de microrelatos de la red. Huelga decir que el anónimo visitante encontró sin problemas lo que buscaba en mi breve “el hombre que tiraba letras al mar”, perteneciente a mis espejismos en cien palabras. Espero que, si gana ese concurso, me invite al menos a una cerveza virtual por mi inspiración.
     Desde entonces curioseo los lugares de donde proceden las visitas, sobre todo si éstas buscan largas frases concretas o algún tema en el que yo sea especialmente prolífica, con la esperanza de ser inspiradora de algún otro escritor en ciernes. Y sí, sí que lo soy, hoy encontré la prueba fehaciente de ello.
     ¡Qué grata sorpresa! La dulce señorita Mildred publicó el 13 de Mayo de este año, un texto que contiene, sin saltarse una sola coma, mi Boceto, que publiqué en febrero de 2008 y La palabra maldita, publicada en diciembre de 2007.
     En fin, lejos de la frustración, sentirme tan segura de mi talento me da una perspectiva benevolente de lo sucedido, más digna y orgullosa. Casi diría que acaricia mi vanidad ser imitada con semejante descaro, sobre todo porque los comentaristas de la señorita Mildred dicen que mis/sus textos son dignos sucesores de los de García Márquez, ahí es nada.
     Por todo esto, y a pesar de que omites deliberadamente mi nombre, te perdono mi querida Mildred. Por esto y porque, como ya sabes, pequeña zorrita, por muchos huevos de oro que atesores, la gallina que los pone sigo siendo yo.

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09/06/2009 02:55. Autor: Tautina. #. Tema: Cisuras de cristal. Hay 17 comentarios.

Confianza

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      Tienes razón al ofenderte, al exigirme un poco de predisposición y esperar algo más de cariño por mi parte. Tantos temores infundados como interpongo entre nosotros desquiciarían a cualquiera. De veras quisiera no estar tan asustada.
      Desearía sentirme más valiente, o más inconsciente, o menos herida. Cerrar los ojos y dejarme querer, entregarme y amarte como deseas, vida mía.
       Bien dices que debería valorarme en lo que valgo y no sentirme ínfima cuando tus manos rastrean mi piel. Pensar que te deleitas en el roce de mi cuerpo desnudo y no en las marcas que el tiempo fue dejando en su camino. Sentirme bonita y no imperfecta ante tus continuos halagos. Buscar el placer y no sólo tu aprobación ante mis caricias. Desearte siempre y no guardarte las distancias.
      Debería, sí, lo sé de sobra. Creer que nadie puede quererme sólo me hace daño a mí. Pero mi corazón sensible no entiende de razonamientos, no sabe de nada más allá de los sentimientos, y el recelo lo atenaza con cada nuevo rayo de sol.
      Perdóname, amor, si tengo miedo. El último hombre que me pidió confianza ciega me hirió profundamente. Y ese hombre, cielo mío, fuiste tú.

02/06/2009 11:08. Autor: Tautina. #. Tema: Cisuras de cristal. Hay 5 comentarios.

Qué poeta ni qué poeta

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En una de mis tardes más aburridas, escribí unos versos que rezaban:

Duermes tirada en la mesa,
alma libre de ojos claros.
Orgullosa y vana,
caprichosa y casquivana.
Eres grande sucesora
de esos otros faraones
y, por eso,
te permites la licencia
de no atender a quien te busca
e ignorarme con paciencia,
alma libre de ojos claros.
Duermes tranquilamente
porque nada te perturba,
solemne magnificencia.


      Esa misma tarde tuve que enviar algunos de mis textos eróticos a una conocida revista de alto contenido sexual, con la que colaboro mensualmente. Por error, la pequeña cantinela se traspapeló y fue incluida en el lote enviado sin que yo fuese consciente. Tampoco le di mayor importancia puesto que carecía de valor literario y mi editora la desecharía inmediatamente, como efectivamente sucedió.
      Olvidé pronto el incidente, hasta que meses después, me invitaron a un desconocido programa cultural de una televisión de difusión regional. Me anunciaron como una famosa escritora de literatura erótica, y el señor Carolingio Ruipérez de Tudela, Profesor e Investigador en Lengua y Literatura Española y eminente contertuliano de este programa, hizo un prólogo de presentación, comentando uno de los pequeños textos que habían venido siendo divulgados a lo largo de estos años en distintas publicaciones; concretamente y para mi sorpresa, la sencilla copla que arriba menciono.
      Al hilo de estos versos el señor Ruiperez comentó:
      “La autora utiliza la elipsis descarada para omitir el elemento que daría sentido al verso, esto es, el miembro viril. Usa un tropo que, por medio de varias metáforas consecutivas, hace patentes en el discurso un sentido recto y otro figurado. Así habla de una grande, sucesora de grandes, magnificencia, atendiendo al pene en plena erección y lo representa sin embargo, tirado en la mesa, en actitud descansada o de flacidez. Esgrime metafóricamente el alma como representación física del sexo masculino, en un intento de humillar al hombre que guarda sus sentimientos entre sus piernas. Entendemos de igual modo la acepción “los ojos claros” como símil de las gotas del lechoso producto del miembro referido”.
      Unos minutos después, el orgulloso literato Carolingio Ruiperez, presa del calor de su propias palabras, preguntaba sentidamente al mundo, a través de las cámaras, si no nos estaríamos perdiendo a la excelsa poetisa que se escondía entre las historias sórdidas y de dudosa moralidad que tan famosa me habían hecho.
      Después, tratando de enfocar mi intervención según este punto de vista, me interrogó sobre el acierto con que él había sabido desgranar el profundo sentido de mi poema. A lo que, un poco azorada y conteniendo mi hilaridad, hube de responder:

    —No sé de donde ha podido sacar ese texto que yo creía inédito, pero para serle completamente sincera, Señor Carolingio, en realidad yo escribía sobre mi gata. 


Con cariño para esos críticos que ven culos donde sólo hay montañas …

28/05/2009 09:46. Autor: Tautina. #. Tema: Brillos de plata. Hay 6 comentarios.


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