14/05/2008
Niña

Aga no se asustó cuando notó la humedad entre los muslos. Pensó que el cuenco de papilla que removía en su regazo desde hacía rato había rezumado, como tantas otras veces, y apartó su falda para limpiarse, pero de inmediato volvió a cubrirse y colocó el cuenco en su lugar, agitando la papilla que contenía con renovado tesón.
El pulso se le aceleró mientras se esforzaba en fijar la mirada en el cuenco. ¿qué podía hacer? Estaba sangrando. Miró alrededor con disimulo, por ver si alguien había reparado en su gesto, pero a esas horas sólo quedaban algunas mujeres por los rincones de la cueva, atareadas con los lactantes, y el resto de niñas del corro seguían pendientes de sus propios cuencos, masticando, escupiendo y batiendo el revoltillo de hojas de menta y carne que alimentaría a los más pequeños. No dijo nada, se levantó cubriéndose como pudo con la vasija, y salió apresurada hacia el río.
Corrió por la orilla más apartada y se sentó en un lugar poco profundo, dejando que el agua la cubriera hasta la cintura. La pequeña mancha rojiza de su falda se diluyó y desapareció en el agua turbia de la corriente. Aún mantenía el cuenco entre las manos temblorosas, cuidando de que no se derramara ni se mojase, porque su madre le daría una paliza si estropeaba la comida de sus hermanos. Y entonces pensó qué haría mamá Liá, cuando supiera que Aga había comenzado a menstruar.
El sol andó una cuarta por el cielo sin que la pequeña se decidiera a salir del río. Meditaba sobre sus distintas opciones pero ninguna le parecía ni un tanto protectora.
Podía lavarse a menudo, y robar algunas de esas trencillas de esparto que usaban las mujeres para absorber el sangrado. Si masticaba papilla de menta todo el tiempo, y se mantenía alejada del resto del grupo, quizá no descubrieran su reciente olor de hembra. Pero Aga tenía pocas posibilidades de pasar desapercibida en un grupo tan reducido, y un comportamiento extraño y huidizo atraería pronto la atención de los hombres.
También podía pedir ayuda a mamá Liá, pero la estación pasada, Uha, su mejor amiga, fue bautizada con la sangre menstrual, y antes del final del primer ciclo presenció como su madre la entregaba a uno de los machos cazadores a cambio de una pieza de carne. Desde entonces su amiga Uha permanecía con las mujeres, alejada para siempre de Aga y sus juegos infantiles.
Quizá podría huir, buscar refugio en las colinas del otro lado del río, esperar a que el ciclo terminase y volver a escapar con cada menstruación, manteniendo el secreto, aunque era la peor de las opciones, porque una hembra de apenas diez veranos, sola en tierra extraña y menstruando, sería blanco fácil de fieras y cazadores de otras tribus.
Mientras salía del río y escurría su falda pensó, con tristeza, que serían sus propias amigas las primeras en descubrirla y alertar a las mujeres, sin conciencia del peligro al que la exponían llevadas por su inocencia y su curiosidad. Ahora, de pronto, las otras niñas de su edad le parecían muy pequeñas e ignorantes.
Caminó hacia la cueva, despacio, esquivando con excesivo zigzagueo pitas y zarzales, mientras se preguntaba quién sería el primer macho que la cubriría. Se estremeció de miedo. Sentía verdadero terror hacia los hombres de su cueva. Desde pequeña conocía su comportamiento agresivo, a menudo se acercaban a las niñas cuando jugaban, buscando con insistencia bajo sus faldas, y las mujeres habían de mantenerlos alejados con gritos y golpes. Algunos no eran así, los machos de más rango ignoraban a las pequeñas o las trataban con desapego, pero sólo era porque siempre tenían varias mujeres dispuestas a satisfacerlos a cambio de protección o respeto entre las demás. El resto de los machos vivía en un continuo estado de excitación agresiva, y siendo ella tan joven y tierna, y no habiendo ya ninguna hembra adulta que la viese como una niña, no tendría forma de resistirse a los ataques.
Cuando divisó la cueva, ya había decidido que buscaría primero la protección de mamá Liá para que ésta dispusiera la forma de sacar partido a su entrega. Mejor sería pedir algo a cambio, aunque fuesen algunas raciones extras de carne, que ser igualmente violada por nada. Quizá su madre consultaría con ella el hombre al que iba a ser entregada y Aga podrían pedirle que no fuera demasiado viejo o feo. Acarició la idea de ofrecerse a un cazador de rango, de los más fuertes, pues era muy bonita, y a poco que pusiera interés, aprendería a ser complaciente. De cualquier modo, decidirían un buen trato para ambas y ella se mostraría sumisa para que el hombre siguiera buscándola y manteniéndola en adelante.
Cuando entró en la cueva, Aga había entendido que era una mujer y ya nadie, salvo ella misma, podría cuidarla.
08/05/2008
Nada particular

Hoy las lágrimas se me ahogan en la garganta y mis palabras con ellas. Por fortuna, otros lo cantan por mí.
Vuelo herido y no sé donde ir con la rabia cansada de andar,
me han pedido que olvide todo, en fin... nada particular.
Una vida y volver a empezar. No te pido una patria fugaz,
dignamente, un abrazo, en fin... nada particular.
Canta y vuela libre como canta la paloma.
Dame una isla en el medio del mar,
llámala Libertad.
Dime que el viento, no, no la hundirá.
Que mi historia no traiga dolor, que mis manos trabajen en paz, que si muero me mates de amor… nada particular.
Dame una isla en el medio del mar…25/04/2008
Apetencias y querencias

Me apetece buscar la caricia fortuita de tus manos, esa que no pido en apariencia y que, surgiendo, me obligará a cerrar los ojos para mejor sentirla. Revoloteo a tu alrededor buscando esa fricción que incita a mis sentidos y el mero hecho de perseguir tu contacto ya me altera el ánimo.
Quiero sentir palabras dulces mimando mi corazón y mi nuca en un susurro, quiero saberme hermosa cuando murmuras “hermosa” ,y te abrazo y te agasajo para conseguir mi halago a cambio.
Deseo ser besada hasta aburrirme, quiero que recorras mi cuerpo con tu boca hasta dormirme, y que continúes incansable hasta despertarme el antojo de más roces, y es por eso que me cuelgo de tu cuello y te besuqueo imparable.
Siento el afán de amarte, y ser correspondida para anhelarte aún más, quiero necesitarte para respirar y respirarte mientras nos deshacemos en amores y humedades. Quiero gozarte y saciarme de hombre, y luego acurrucarte en mi pecho y saciarme de niño enamorado.
Anhelo pertenecerte, y que me ames fuera de mi imaginación. Quiero tenerte y que por una vez, existas.
11/04/2008
Otro paseito por los albores del año 3000

Mi amiga Julia R. Robles vuelve a publicar en esta jungla internauta de discutido reconocimiento y, como siempre que superamos una rigurosa selección, el ego de ambas brilla moderadamente durante unos microneones.
Si queréis disfrutar de su nuevo relato, entrad en la prestigiosa revista de ciencia ficción Andrómeda.
Para acceder directamente a la historia “la buena educación” (os aseguro que es tan cortita como divertida) pinchad en este enlace.
Buena lectura.
17/03/2008
Despertar

Siento tu caricia aún antes de despertar del último sueño, o quizá no, quizá tus manos paseaban por mi piel desnuda largo rato cuando tomé conciencia de ello. No recuerdo qué soñaba, pero sí la sensación placentera de mi fantasía y supongo que se debía a ti, a la caricia de tus manos tibias que me buscan cada mañana detrás de tu mirada.
Noto tus labios en mi nuca y tu olor, que me conducen al primer pensamiento consciente y tranquilizador. No estoy sola, tú me acompañas, me proteges y velas el alba. Saberlo me relaja tanto que no quiero despertar, y un suspiro se escapa de mi sonrisa mientras me ocupo en permanecer quieta y mantener los ojos cerrados.
Me palpas despacio valles y barrancos, y tus manos dóciles siguen el camino de mis leves suspiros, que trato de disfrazar de bostezos, Me sabes despierta hace rato, y te impacienta mi holganza, tus envites en mi espalda me advierten de tu expectación. Me desperezo satisfecha y me abro, y tú, dios entre los amantes, me inundas con tu calor.
Mil trinos de pájaros susurran en mi oído: Despierta tierra, ya es tiempo, el sol ha salido.
29/02/2008
Un cuerpo perfecto

Sus dedos son bonitos y sus pies graciosamente dibujados, se rematan en unos tobillos tan finos que sorprende, hasta que fijas la mirada en sus piernas, perfectas y torneadas en un arco, y entiendes que necesita tan delgado inicio para rematarse en la curva de sus rodillas. Aquí me detengo, y me deleito en tan delicada articulación, y es que la rótula asoma, triangular y preciosa, al doblarla, y desaparece en sutil arco al ponerse recta. Más arriba veo los muslos, tersos y prietos, carnosos y lascivos en su remate, pues a tan lujuriosos cimientos corresponden caderas igualmente apetecibles, y paseo mis manos por la cara interna, suave como terciopelo, y casi dan ganas de entretenerse en el tierno sexo, pero aún hay mucho que ver y tocar, quizá vuelva más tarde a la cálida cueva del placer infinito. Miro el ombligo, que es hoyuelo menudo en la meseta de una tripita plana y aparente. Es el momento de embelesarse en esta piel de melocotón, tomar su grácil cintura y subir al tacto por su talle, y ver su color canela, y oler las flores de su rastro, y probar su sabor a sal en la aureola de un pecho magistral, y sorber y succionar insolente, buscando más placer donde más hay para un hombre niño. Pero no, no, tiempo habrá, dejo a disgusto tan hermoso manjar y suben mis labios por la delicada clavícula, perfecta forma donde las haya en un cuerpo tan perfecto. Y mordisqueo los hombros de puro gusto, y me deleito allí donde empieza el cuello, en la junta de mi deseo. ¡Ay! Suspiro ¡Cuánto siento tener que guardarte ahora!
A mi Tríniti 3000 le falta la cabeza. He de devolverla en su envoltorio original o no me la cambiaran por la nueva. ¡Y cuestan un huevo la muñecas sexuadas de última generación!
Ganador del concurso de breves Acumán 2005. © Publicado en el libro Cuanto cuento, de la misma editorial.
27/02/2008
boceto

¿Sabes? se me acaba de ocurrir un relato.
Uno en que la información se convierte en un gran monstruo devorador
y somete a la población
hasta que un día alguien se levanta y apaga el televisor
y arranca el ordenador de cuajo
y empieza a sonreír, y olvida el estrés y ya sólo le importa lo que sucede en su entorno
y sus vecinos lo ven y lo imitan
y poco a poco el edificio entero se desconecta, y es feliz
y luego la calle, y el barrio.
Se alzan las voces más eruditas gritando desde las pantallas: "es la felicidad del ignorante, no caigáis en eso, la información es poder..."
pero mientras, los barrios siguen arrancando cables
la gente empieza a salir a la calle y a preocuparse de cosas importantes, y ya nadie tiene prisa, y se aceptan como son, y tienen ideas propias
y al final
el mundo entero se desconecta, internet muere
y en la tele apenas subsisten dos tristes telediarios y los dibujos infantiles
y las calles aparecen sembradas de periodistas que piden unas monedas para poder comer.
fin
18/02/2008
El crítico entusiasta

-El hombre subió al coche, un Toyota Corolla rojo de tres puertas, arrancó el motor y dejó la carretera en el asiento posterior….
-Genial, es increíble que empieces con esa frase. Me dejas de piedra, chica – ella dejó de leer y lo miró sorprendida -. En serio, esa… ¿Cómo se llama? ¿Metáfora? Significa que arrancó echando ruedas y dejó la carretera atrás. Que se fue, vamos. Me gusta esa frase, sí. Bueno, no me pongas esa cara, soy nuevo en esto, igual tiene un sentido más profundo y no lo he pillado. A ver, deja que lo piense, “dejó la carretera en el asiento posterior…”. Igual te refieres a que se puso a conducir sin pensar, que le daba lo mismo la carretera o, ya puestos, puede significar que conducía dejando atrás su rumbo. Ah, ya está ¿no? Es un símil de esos, la carretera es su vida, que se queda en el asiento de atrás, es como abordar la historia diciendo que empezaba de nuevo, ¿no? Joder, venga, sigue, que me tienes en ascuas, ahora dirás algo como que los árboles huían de la carrocería y llovía hacia arriba en los cristales, así, en plan doble sentido. Me encanta cómo preparas al lector para una historia abstracta. En serio, esa frase del principio es para ponerla en un marco vamos. ¿Qué pasa? ¿Por qué me miras con esa cara? ¿No querías leerme tu novela para que te diera mi opinión? Pues eso hago, ¿qué culpa tengo yo de que la primera frase sea jodidamente genial? ¿Crees que exagero? Pues no, de verdad, chica, eso de que dejó la carretera en el asiento posterior me ha impresionado mucho, no sabía que escribías tan bien.
- Oye idiota – replicó al fin la chica- . He dicho cartera. ¡Dejó la car-te-ra!
14/02/2008
El deseo del hada

Hoy visité a la hechicera que vive en el fondo del bosque, en la cueva que se esconde tras la cascada de cristal.
Le conté de tu existencia y con los brazos alzados, la cabeza echada hacia atrás, los ojos cerrados y el corazón henchido de puro gozo, grité a las ramas de cuantos árboles nos rodeaban, que vivía traspasada por la daga del amor. Fue un gesto inicuo que, en el silencio de la noche, disparó el vuelo de mil lechuzas asustadas, reafirmando con su aleteo la arrogancia de mi proclama.
Espoleado mi corazón por el revuelo, salté y canté alrededor de la hechicera, relatando entre risas como me derritió tu porte de caballero, cuanto me deleitó tu verborrea de juglar, y tanto como te he soñado y te deseado desde el mismo instante en que te vi. Le expliqué a la anciana sabia que tu risa tintineaba a cada poco en mis orejas puntiagudas, que tu boca era ya el cáliz del que deseaba beber a cada instante, y que todo tú me incitaba a la pasión más inflamada.
Y allí, en el bosque de las mil flores, supliqué a la dama blanca un filtro de amor que te arrojara en mis enamorados brazos. Le pedí un bebedizo que te llenase del deseo que yo destilaba por cada brillante poro de mi piel y que te hiciera mío para siempre.
- No puede ser - sentenció la injusta dama.
- ¿Pero por qué? – grité loca de furia, y aleteé por la cueva con desespero.
- No insistas, no puede ser.
- Pero lo amo, hechicera, y deseo entregarme a ese hombre para siempre.
- Basta – gritó ella -. Es imposible, él es humano y tú hada.
Rompí a llorar y alcé mi puño amenazante.
- Conseguiré que sea mío con o sin tu ayuda, mala bruja. No permitiré que los detractores de la mezcla entre linajes acaben con mi delirio pasional. Me entregaré a su deseo en un lecho de hojas de acebo y seremos uno, fundidos en el eterno instante del placer mutuo.
Acabé mi discurso con las rodillas en tierra, la cabeza gacha y el corazón atravesado por el dolor. La hechicera se acercó a mí y me acarició el cabello, compasiva, antes de replicar:
- No me seas melodramática, Campanilla. No puedes acostarte con él porque es humano y tú, mi niña, mides dos centímetros.
10/02/2008
Llanto

Déjame recrearme en mi dolor. Déjame sumergirme en este llanto y sentirme morir de puro ahogo en el mar de mi desamparo, ese océano interno, tan inmenso y que me duele tanto.
Si no ha de tener jamás descanso mi fatiga, si nadie ha de esperarme tras la puerta, si no hay mejor destino que el camino que marca una moneda que nunca cae de canto, déjame recrearme en este llanto.
Y déjame llenar de lágrimas mi vaso de cristal, y correr trabajosamente hacia ninguna parte con los pies enterrados en el lodazal de mi existencia. Déjame golpearme una y otra vez contra la puerta abierta de la cárcel que es mi vida y llorar, llorar tanto.
Porque tú jamás comprenderías lo que siento, y tu amor inconsistente se lo lleva el viento. Vete y déjame aquí, con los hombros desnudos, que ya me hacen mis lágrimas de manto.
Déjame llorar cuanto quisiere, que hoy he caído, sí, pero mañana, yo sola me levanto.
03/02/2008
Coqueteando con la ciencia ficción

Tengo una amiga, tan íntima y cercana que pareciéramos uña y carne, y que hace sus pinitos como escritora.
Tiene un currículo literario pequeñito esta amiga mía (apenas algunos premios, cuatro relatos publicados en revistas, y dos novelas inéditas tocando a las puertas de editoriales grandes y chicas) pero lo compensa con una perseverancia tan gigantesca, que su esfuerzo nos motiva a ambas, día sí y día también.
Por eso hoy me siento orgullosa, por ella y por mí, y quiero compartir con vosotros la última publicación de Julia R. Robles, de la mano de la prestigiosa revista de Ciencia Ficción Andrómeda.
Un relato breve en clave de humor, titulado “Intrigas en Frontera Cinco” y que podréis descargaros aquí.
En fin, gracias a todos los que miráis aquí, y me miráis, y la miráis… ya sabéis qué quiero decir.
28/01/2008
A vueltas con el mundo

A veces me bajo del mundo y lo veo partir, y me quedo aquí, mirando como se marcha sin mí.
Pasan los días sin que mi vida pase, pues no planto semillas, ni relleno el azucarero, ni hablo con la luna, ni quiero escribir. Son días que no son, y me siento poco, o no me siento, o no me quiero sentir.
A veces, me puede la vida y me encubre la costumbre, y vivo invernada dentro de mí. El mundo da vueltas pero yo me he bajado, el tiempo ha pasado y no he estado ahí.
Resulta muy triste cuando pasa esto, porque nadie recuerda quien se sienta aquí, en este asiento que viaja vacío porque me he bajado. Y pasa desapercibida mi ausencia del mundo, y pasa la vida indolora por mí.
Parece que se anegan mis ojos en lágrimas cuando me pregunto a quién le va a importar que retome el mundo en la siguiente parada o, de nuevo, lo deje pasar. Parece, pero no es llanto esto de mis ojos, que es el brillo furioso que quiere escapar, ante la certeza de que aquellos que me necesitan ya me vienen a buscar.
Que no es amor lo que les mueve, que es el egoísmo de la necesidad.
Viene el mundo una y otra vez. En cada nueva vuelta, me mira, me chista, me hace cabriolas y salta al revés. Y al final me monto de nuevo en el mundo y sin darme cuenta, me vuelve a traer.
A veces me bajo del mundo, me escondo y me hundo. Él rompe a reír, da tres volteretas y vuelve a por mí.
21/01/2008
¿Que qué quiero?
Quiero que te importe lo que soy, lo que siento y lo que hago, que me valores como una pieza única y entiendas que no te pertenezco.Quiero que te cuides, y al hacerlo, me respetes, pues tu dejadez me ofende y menosprecia.
Quiero que pidas permiso para entrar en mi casa, que no es la tuya, y que no entres en mi vida antes de tiempo, ni después si yo no te lo pido.
Quiero que tengas el mismo interés por mi placer que tuviste el primer día, que te esfuerces como yo lo procuro y que, si no lo haces, no esperes perdón por tu egoísmo.
Quiero que madures y dejes de disculparte por desentenderlo todo como un niño.
Quiero en fin, que no seas mi novio sino mi amante, que no seas mi amado sino mi deseado y, aunque vuelvas a tacharme de terca, sobre todo quiero que estés cerca.
10/01/2008
La Mujer de mirada triste

A mi madre, con infinito amor.
No vi jamás mirada más huida,
ni sonrisa más triste en una boca,
que el reflejo de ese espejo que toca
el rostro de la que me dio la vida.
Dijera uno que es savia perdida,
mohín eterno grabado en una roca,
furia furiosa de una mujer loca
que no encontró del mundo la salida.
Pero uno se equivoca si no entiende
que esa mujer de la triste mirada
lucha a diario por cuanto defiende.
Pues no hay madre más buena y adecuada.
¿Y qué si no sonríe lo suficiente?
Su mínima sonrisa es polvo de hada.
03/01/2008
Duro de llevar

Y sonaban de fondo los Revolver.
Hoy te esperaba en el portal de tu casa, mirando la luz de la farola relucir en un charco de agua, nervioso y tenso como siempre. Y como siempre, mis pensamientos divagaban, difusos, lejanos y profundos.
Pensaba en la certeza de que mi vida se ha convertido en una larga y continua sucesión de calles, por las que camino con un revolver al cinto, siempre expectante, siempre reacio al amor, hasta que te conocí.
A veces, mi acera se me antoja un túnel de boca negra y he de proveerme de valor para atravesar sus tripas. A veces parece un abismo imposible de sortear con pasos pequeños, y necesito un gran salto, y mejor cuatro alas que dos, para cruzarlo como un pájaro imposible. Pero las más de las veces, sé que me entiendes, mi vida es sólo un callejón sin salida. Y en una de esas, apareciste tú.
En toda mi experiencia subsistiendo en las calles, y créeme, de veras fue un sustento duro de llevar, no vi mujer más hermosa, ni sentí en el corazón llama de amor más viva. Seducirte fue como tirarme de un puente con los ojos cerrados y los brazos cruzados, mientras tú me observabas, sin detenerme, sólo para verme volar.
Hoy mis zapatos vagaron conmigo, y me senté en los portales, a ver pasar el cadáver de mi enemigo. Decidí que había llegado el momento, ésta es mi vida, y créeme, no es una alegoría.
Soy matón a sueldo, y tú fuiste mi siguiente trabajo, por eso esperaba en el portal, por eso te maté, así es mi vida, vida mía. Y créeme cariño si te digo que también esta vez, también para mí, fue duro de llevar.



