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Sombras

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     Ella acostumbraba a arrancarse jirones de piel cuando lo encontró, borracho, perdido y asustado. Se miraron y se reconocieron, como las sombras que intentan ser contundentes a la tenue luz de la luna sin conseguir ser más que contornos, como las sombras atormentadas.

     Se fundieron en una sola sombra mil veces y, mientras ella tocaba el cielo, él se vaciaba de sentimientos entre sus muslos. Durante meses ella olvidó arrancarse jirones de piel y él olvidó beber para olvidarla. Fue un amor intenso, que los hizo sentirse personas y no sombras, que los sumergía y secaba con calidez, como la arena que lame la espuma del mar. Pero, tal como les sucede a todos los amores atormentados, un día, sin aviso, este amor propició su propia muerte.

     Ahora ella se arranca uno por uno todos los jirones de piel acumulados, casi tiene el cuerpo en carne viva pero apenas siente el dolor. Está tan vacía, tanto, como la botella a la que él duerme abrazado.

01/04/2012 23:20. Autor: Tautina #. Cristales rotos Hay 3 comentarios.

Siente

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Cierra los ojos y siente,

y sintiendo al fin comprende que el dolor es conveniente.

Que quien cierra el corazón y al sufrir pone armazón,

quien se escuda en la razón,

se pierde lección sabida, y ésta es, sentir la vida.

Sol y luna, luz querida,

juegos, con niños jugados,

amores, de enamorados has de sentirlos inflados.

Que si no se sufre antes o después, según talantes,

no sentirás las variantes de las cosas prodigiosas.

Deja espinas a las rosas,

ve morir las mariposas,

llora si te han hecho daño.

No te suene tan extraño,

de tal género es el paño del corazón de los hombres.

Sentir tiene muchos nombres,

tiene incluso hasta pronombres: yo, mi, me, conmigo, nada,

se tornan en puñalada si te sientes despreciada.

Por eso, si quieres llora, sufre, corre abajo o arriba,

grita cuanto sientes ahora.

¡Eso es que aún sigues viva!

07/03/2012 17:57. Autor: Tautina #. Brillos de plata Hay 1 comentario.

Game over

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     Siempre he creído que en el mundo hay dos tipos de personas, salvando los miles de subgrupos con más o menos matices que se derivan de ellos, a saber: los figurantes y los protagonistas de la historia.

     Los primeros pertenecen al decorado de la vida, son seres mediocres y tienen una existencia gris. Toda su vida será mínimamente feliz o triste dependiendo de la escena que tengan que adornar, no dejarán huella, ni nadie los recordará más allá de su muerte…

     … mientras, los otros, los protagonistas, se convierten en conejillos de indias desde el día de su nacimiento. Las pruebas a su capacidad de padecimiento y supervivencia se suceden, sus decisiones afectan altamente a su entorno y a sí mismos y, poco a poco, fraguan una compleja historia de sufrimiento y coraje. A modo de protagonistas de novela, o de muñequitos en el videojuego de un dios adolescente, son zarandeados y manejados por el destino a lo largo de toda su existencia.

      De este grupo, tocado para bien o para mal por la mano de Dios, saldrán los artistas, los excéntricos, los genios, los locos, los asesinos…

     Hubo un tiempo en que tuve miedo de ser mediocre y otro en que lo deseé fervientemente. Hoy ya no me importa, sé que no soy yo quien lo decide, ni nada de lo que haga cambiará mi albur.

     Como todos en este juego, tengo un papel que hacer, unas balas en la recámara y algunas viejas que matar antes del Game Over.

06/03/2012 02:37. Autor: Tautina #. Cisuras de cristal Hay 2 comentarios.

imbécil

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      Muchas veces en mi vida me porté como una imbécil. Después, mi autoestima hizo su trabajo y recuperé la compostura.

      —No, no soy imbécil —me decía— ser conciente de este comportamiento me exime de serlo. Los verdaderos imbéciles son aquellos que no tienen conciencia de su imbecilidad. Solo fue un error, todo el mundo los comete...

      Con estas y otras excusas seguí adelante hasta hoy, sin acabar de creerme la lección de Winston Groom: “tonto es el que hace tonterías” ergo imbécil es el que hace...

      Sé que muchas veces me porté como una imbécil, supongo que demasiadas porque, ahora, soy una imbécil con el corazón roto.

26/02/2012 12:19. Autor: Tautina #. Espejismos en 100 palabras Hay 3 comentarios.

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Para aquellos que me preguntais por Extrañas mujeres de azul y no andais por Murcia, os dejo un enlace donde adquirirlo a través de la web de mi buen amigo y librero Javier.
26/02/2012 11:31. Autor: Tautina #. Tras el espejo Hay 2 comentarios.

El descanso del guerrero

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     Hoy mi señor está cansado, hoy llora en mi regazo.

     Se lamenta de su suerte, de la guerra que libra desde hace meses, de la masacre en el campo de batalla, de las mutilaciones, de cómo ve caer a sus mejores guerreros. Le dejo hablar, aunque conozco su historia, y acaricio su pecho malherido. Soy dama curtida en estas lides.

     He visto a otros hombres indignos lamentar su suerte, dejarse caer en el campo fingiendo la muerte para evitar la lucha, lloriquear en un rincón de la muralla sin osar cruzar las puertas de su castillo protector. Los he visto y he despreciado sus blandas lágrimas, y juré entonces no abrazar jamás su cobardía.

     Y mientras pienso esto, mi señor llora un llanto seco, aguantando las lágrimas que anegan sus ojos y rompen las palabras en su garganta. Escondiendo el miedo que anida en su corazón desde que empezó esta cruenta lucha, quizá desde antes, cuando supo, cuando entendió que la paz de su espíritu exigía el alto precio de la guerra.

     Beso sus labios temblorosos mientras me cuenta que me ha fallado de nuevo, en el peor momento, cuando debió cruzar la línea de la victoria. Me dice que mañana habrá de tomar de nuevo las armas y que le duele, con esto, prolongar mi sufrimiento. Me promete no secar su llanto en mi vestido, me promete estar a la altura de mis expectativas y me promete no prometerme nada.

     Abrazo su incoherencia con dulzura, me desnudo para él y le llevo de la mano por mi piel de arena. Destenso sus músculos y tenso su deseo con caricias estudiadas, respondo a sus suspiros doloridos con gemidos anhelantes y acuno entre mis muslos su naciente apetito.

     El dolor se vuelve furia, el temor, amor. Sus sentimientos a flor de piel desatan mis sollozos de placer y, por un tiempo, dentro de mí, se libra una nueva batalla de segura victoria.

     Al fin, servido y rendido, mi señor descansa su cabeza en mi seno desnudo. Y siento de nuevo el temblor de sus lágrimas, el llanto mudo de los hombres que no saben llorar. Su llanto digno.

20/02/2012 10:23. Autor: Tautina #. Brillos de plata Hay 5 comentarios.

¡TACHÁN!!

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30/01/2012 19:45. Autor: Tautina #. Tras el espejo Hay 5 comentarios.

La amante

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     Sé que piensas en mí cuando estás con ella. No me importa que no quieras admitirlo, yo lo sé, te conozco demasiado tiempo.

    Conozco ese tono de voz, esa furia que te nace en las tripas cuando me dices quebrado por el desprecio que no te importa con quien me acueste, que es mejor para ti que esté con otros hombres. Reconozco la punzada de celos que motiva tus ataques aunque al hacerlo, lleves esa capa púrpura de una relación más feliz y duradera que la nuestra. Es normal, no te culpo, en otro tiempo hasta valoré como una virtud ese rasgo tuyo. Perteneces a esa raza de hombres que no puede soportar que otro toque la hembra que ha sido suya, tenga una, dos, o todo un harén.

    Por eso sé que cuando hablas con tus amigos de ella, en esas noches de ofensas, cuando maceras en alcohol nuestros problemas, en realidad hablas de mí. A mis espaldas les cuentas cuánto la quieres, lo hacendosa y mimosa que es contigo, los planes de una vida junto a ella, pero intercalas, como comparativa, mi indiferencia, nuestros incesantes desencuentros, mi falta de atención hacia tus conflictos, mi continuo afán de reproche. Y al final, querido, sólo hablas de mí.

    Por eso sé que, aunque lo niegues, a veces le haces el amor pensando en mí. Ella apenas lo percibe, si acaso unas caricias extrañas, si acaso la sensación de que la tomas de forma diferente, como si hubieras olvidado qué le gusta. Pero tú y yo sabemos que la cubres con la rabia del resentimiento y piensas, deseas, que sea mi cuerpo el que mancillas, que sea yo quien suplico más placer entre gemidos. Quizá en algún momento, en esa dicotomía de pensamientos que te aturde al derramarte, no lo hiciste dentro de ella, sino de mí.

    No se lo cuentes, no me lo cuentes, pero yo lo sé y ella lo intuye. Puede que la quieras más, que la desees locamente, que prefieras mil veces sus caricias a las mías, pero lo cierto es que ella es solo la amante, y yo sigo siendo tu esposa.

27/01/2012 10:59. Autor: Tautina #. Cisuras de cristal Hay 5 comentarios.

Dónde estabas ayer

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   Dónde estabas tú en mis noches más largas, cuando mi llanto contenido se trasformaba en rabia.

   Dónde estabas cuando mi piel te extrañaba y mi anhelo de cariño te buscaba.

   Dónde, cuando batallaba en tierras hostiles y sobre los escombros de mi pena caminaba.

   Qué soledad tan cruel es aquella que se sufre estando enamorada.

   Dijiste pertenecerme pero teniéndote, mi amor, teniéndote no tuve nada.

20/01/2012 00:17. Autor: Tautina #. Cristales rotos Hay 4 comentarios.

Mil y una noches

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     Don Tato desea a la señorita Temis.

     Tiene una esposa, y una secretaria con la que fornica en sus frecuentes viajes. Atesora muchas amigas que se dejan invitar a cena y roce en celebraciones puntuales y cultiva pequeñas aventuras que florecen sin esfuerzo cuando saca su cartera repleta de billetes. Puede poseer a una mujer cada día del año si lo desea, pero no es suficiente.

     Anhela a la señorita Temis, tan distante ella, tan tímida, lista e inaccesible, y la acosa con denuedo. Don Tato, que puede tener mil noches de amor, ha leído en algún sitio que el número redondo es mil y una.

11/12/2011 01:47. Autor: Tautina #. Espejismos en 100 palabras Hay 6 comentarios.

Miseria II

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     Ella siempre supo que los hombres hacían daño. Este pensamiento consciente se instauró en ella mucho después de presenciar las palizas que su padre daba a su madre, después de que su padrastro abusara de ella recién llegada a la pubertad, incluso después de que huyera de casa, apenas cumplidos los dieciséis, y el dueño del bar donde trabajaba la obligase a mamársela dos veces por semana a cambio de conservar un puesto de mierda.

     Sí, ella siempre lo supo.

     Sin embargo, durante muchos años mantuvo la esperanza de encontrar un hombre distinto, uno que no doliera tanto, uno cuyo amor no hiciera daño. Conoció a algunos hombres buenos, atentos, cuidadosos con su fragilidad de niña herida. Hombres que la quisieron y fueron queridos, pero que al final, tarde o temprano, dolieron. Envidiaba a otras mujeres que vivían acompañadas y queridas por sus hombres, las veía recibir flores y atenciones, y se preguntaba si sería cierto ese estado de bienestar, si en su intimidad esas mujeres estaban satisfechas o si, por el contrario, sus parejas también dolerían.

     Nunca supo si ella era un caso aislado o si los hombres hacían daño a todas las mujeres, pero al final se impuso su instinto de supervivencia y decidió que todos, todos los hombres, hacían daño. Se resignó ante esta certeza, casi fue un alivio para su maltrecho corazón asumir esta verdad y, desde entonces, su vida cambió para mejor.

     Aprendió a tolerar el egoísmo masculino, a someterse a su deseo y blindar su corazoncito de sentimentalismos absurdos. Supo que los hombres también sufren, casi más que las mujeres y sintió cierta empatía que la llevó a ser cuidadosa y atenta con el dolor masculino. Entendió a los hombres al fin y se volvió una experta en amarlos y en esquivar el dolor que ellos, sin querer, siempre infligían.

     Ahora es la más solicitada del bar. Sus clientes se consuelan de los problemas de su matrimonio o de las penurias del trabajo entre sus brazos. A menudo, ni siquiera quieren sexo. Ella les da mucho más, los entiende y les trata con ternura, cariño y una comprensión infinita, solo por cincuenta euros la hora.

21/11/2011 11:50. Autor: Tautina #. Cristales rotos Hay 6 comentarios.

Miseria

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Fantasía sin dueño que a los hombres provocas.

Para ella las ostras y el abrigo de foca,

para ti sus tristezas y su pene en tu boca.

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20/11/2011 15:49. Autor: Tautina #. Espejismos en 100 palabras Hay 3 comentarios.

Burbuja

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     A veces necesito mi espacio, mi rincón mágico, mi burbuja de jabón. No sucede a menudo pero sucede a veces, pocas pero imprescindibles. Son días extraños en los que el universo se confabula para enseñarme una lección, siempre la misma, una que no quiero aprender.

     El mundo es feo ahí fuera, es un lodazal inmenso donde chapotean el egoísmo, la miseria y los más bajos instintos humanos. La autocompasión, la cobardía y el despotismo hacen un corro y se lanzan fango a la cara y a veces, sin quererlo, me pilla en medio y acabo salpicada hasta el pelo.

     Entonces necesito aislarme, alejarme y limpiarme de tanto barro. No estoy triste, no siento ganas de llorar, no es eso. Solo estoy un poco defraudada, como siempre que aprendo que el mundo ahí fuera es feo y está lleno de lodo.

     Y a veces me salpica.

     Desde fuera apenas se me nota. Solo estoy acurrucada en mi sofá, en un rinconcito, sentada sobre mis pies descalzos, pensativa, con la mirada perdida en el pliegue de un cojín, ausente y contestando con monosílabos incoherentes a las preguntas inoportunas de mi entorno. Solo eso.

     Solo me limpio de tanto lodo durante un rato, y en mi cabeza mantengo un monólogo para conmigo misma. Y creo lo que quiero creer, y olvido la lección aprendida, y pienso en lo que me importa, y recuerdo que en mi sonrisa brilla el sol, un sol radiante y limpio que lucirá mañana dentro y fuera de mi burbuja de jabón.

19/11/2011 02:16. Autor: Tautina #. Cisuras de cristal Hay 6 comentarios.

Cocina imaginativa

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Este breve ya fue publicado en el espejo hace un tiempo, bajo el título "en mi cocina", los más asiduos quizá lo recordareis. Ahora vuelve, aún más breve para adaptarse a los tiempos radiofónicos, de la voz de su propia autora.

Pulsar aqui para escuchar

      A veces pasa, mientras cocino, que mis manos se mueven mecánicas removiendo el guiso, y la mente se me pierde en los laberintos de mi imaginación.

      Y entonces pienso en ti, que llegas por detrás para abrazarme suave y besar mi nuca. Pasas una mano por mi cintura y con la otra me retiras el cabello, tan delicadamente que, antes de sentir tus labios, ya me estremecen las yemas de tus dedos.

      Y comenzamos un suave baile contrapuesto, a un lado y a otro, yo de espaldas a ti y tú frente a mi espalda, vaivén acompasado sin miradas cruzadas, pues yo vigilo la olla y tú, quién sabe que andarás espiando tras la curva de mi cuello.

      Entonces tomo aire, tus manos se difuminan y regreso a la realidad. De pie, tal cual estoy, acaricio mi tobillo izquierdo con el empeine de mi pie derecho mientras pienso qué bien bailas...

14/11/2011 23:12. Autor: Tautina #. Tras el espejo Hay 2 comentarios.

Pobre

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     Pobre niña tonta, que piensas que es bueno entregarse sin miedo, que serás valorada en la medida de lo que das y no de lo que esperes, que el mundo es bonito y tendrá recompensa el ser lo que eres.

     Pobre niña tonta que no te enseñaron, que nunca supiste, pedir lo que quieres.

01/11/2011 02:30. Autor: Tautina #. Cristales rotos Hay 4 comentarios.

El columpio

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      ¿Has escuchado alguna vez el sonido de una rama al romperse? Es un crujir seco, profundo, un desgarrón sonoro que te penetra en el cerebro. De niña, cuando iba a pasar el día al campo con mi familia, mi padre llevaba en el maletero un columpio de madera. Era una tabla de bordes redondeados, con gruesas cuerdas anudadas en dos de sus cuatro agujeros.

      Nada más bajar en la pinada, mis hermanas mayores y yo nos dedicábamos a buscar el árbol perfecto, sin obstáculos ni delante ni detrás, y con una rama resistente y alta de la que poder colgar el columpio. Era una fiesta encontrar el árbol elegido, y brincábamos y gritábamos como ninfas histéricas a su alrededor. Mientras, mi padre lanzaba las cuerdas, primero una, luego la otra, las hacía pasar por la rama y las anudaba en los otros agujeros de la tabla.

      Luego se sentaba para comprobar su equilibrio y seguridad y yo, pequeña impaciente, saltaba sobre él para ser la primera en usurpar el puesto y columpiarme en el soberano trono.

      A menudo mis hermanas y yo competíamos por el árbol elegido, solíamos encontrar tantos y tan adecuados que cada una quería que el suyo fuese el designado por mi padre. Sin embargo, aquel día, un sauce lucía majestuoso en medio de un claro, de suave tronco y gruesas ramas, tan altas que parecían querer tocar el cielo. No hubo disputas esa vez y mi padre, desconcertado por la altura, se decidió al fin por una gruesa rama de las que tocaban las nubes. Lo intentó varias veces sin resultado y hubo de conformarse con una de las pequeñas ramas inferiores, agobiado por su torpe puntería y nuestra impaciencia. Apenas había terminado de anudar la tabla cuando salté sobre él sentándonos a ambos del impulso.

      ¿Has escuchado alguna vez el sonido de una rama al romperse? Es un crujir seco, profundo, un desgarrón sonoro que te penetra en el cerebro. Sientes que el mudo grito de ese árbol te estremece todo el cuerpo, sientes su dolor en tu pecho y olvidas respirar. Y, en el instante en que agoniza ese crujido, crees morir de pena.

      Es una dura lección que te acompaña en el recuerdo para siempre. Después puedes olvidarlo, oculto en las brumas de la niñez, pero vuelves a revivirlo, a sufrirlo en tu pecho en alguna ocasión a lo largo de los años. Yo lo recordé vivamente hoy, esta noche al despedirnos, porque una rama al romperse suena igual, exactamente igual, que cuando se te rompe el corazón.

24/10/2011 01:58. Autor: Tautina #. Cristales rotos Hay 3 comentarios.

El hombre caballo

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Mi hombre caballo es uno

de esos de razas puras

de las de fuerte carácter y resistir prominente.

Es noble y es amable,

es de gestos amistosos

y  tiene un andar flotante

que lo distingue de otros.

 

Mi hombre caballo dice,

a veces, palabras duras

que se pegan a mi piel como un grabado ardiente,

y no deja que le hable

con ojos aún borrosos

de su forma de trotarme

que destaca entre los otros.

 

Mi hombre caballo llena

mi mente de opacas dudas

porque jamás encontré caballero más valiente.

Tan encendido su sable

y de sueños tan ansiosos,

y es, en cambio, tan básico

como uno más de otros.

 

Mi hombre caballo es

un hombre centauro a oscuras.

Pero a la luz de una triste mañanita reluciente

es, al fin, lo imaginable,

con anhelos codiciosos.

Porque es un caballo, sí,

y es un hombre como otros.

23/10/2011 00:03. Autor: Tautina #. Brillos de plata Hay 3 comentarios.

Trajes y mantos

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   Él lleva un traje de hombre, de otro hombre. Por dentro es uno y por fuera otro distinto.

   Las mujeres usan mantos, capas superpuestas una sobre otra como una cebolla. Para conocer a una mujer, para desnudarla, debes dejar caer manto a manto, y cuando arrancas el último, aún dudas si hay unos cuantos más abrazando su pequeño corazón. Para desnudar a una mujer tienes que quitar muchas capas, y llorar, como con una cebolla.

   Pero él es un hombre, y lleva un traje de otro hombre. Con su traje es uno, y desnudo es otro, no hay más. Su traje es cotidiano, respetable, común y adecuado con su edad y estatus social. Es el traje de un hombre con una profesión, una esposa y una vida resuelta. Quizá sea un poco distinto al resto; una cartera repleta de sonrisas burlonas, un paquete de sagacidad y un pañuelo de sensibilidad creativa parecen esconderse en los bolsillos de su traje. Es un poco especial, sí, pero nada que no pueda tolerarse con su edad y estatus social.

   Sin embargo, ella lo ha visto desnudo.

   Qué distinto es el hombre sin traje. Es como un niño lleno de ilusiones, como un adolescente atado al deseo, como un hombre protector y decisivo. Todas las edades marcadas en la piel y asomando en las caricias de sus dedos. Así es el hombre desnudo, tan atrayente que, cuando se muestra, ella no puede resistirse.

   Ya le gustaba cuando era un hombre con traje. Salían a veces, siempre en grupo, siempre cumpliendo las normas de los hombres con traje, pero ahora que se sabe objeto de su deseo, que la ha llamado su fantasía, que ha probado sus labios, ahora que se ha desnudado para ella, le gusta mucho, muchísimo más.

   Juntos sueñan con el amor perfecto, ese que es tan intenso, tan feliz, que no puede ser real. Sueñan que se darían el mundo el uno al otro, y que vivirían desnudos, sin mantos ni trajes, sin tocar el suelo. Él le promete la luna y ella lo cree, al menos, mientras el hombre está desnudo.

   Después, él se viste.

   Aún le dedica una caricia mientras termina de abrocharse. Mi niña, mi princesa, soñaré contigo aunque no me lo permitas. Después ya es otro hombre, con un traje y un coche de cierta edad y estatus social, que se aleja en la noche.

   Y ella, que se ha quedado sola, siente frío y abriga sus hombros desnudos con un nuevo manto.

30/09/2011 10:06. Autor: Tautina #. Cisuras de cristal Hay 5 comentarios.

El hombre de los grandes escenarios

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     Yo conozco a un hombre capaz de generar escenarios grandiosos. Hace años que sé de su existencia y me creo una privilegiada, pues he saboreado varias veces su don en mi piel. A su lado he sido princesa mora envuelta en los cojines, brocados y sedas de una tetería marroquí abierta solo para mí. Y me sentí hadita juguetona en un bosque encantado de intensos verdes, corriendo y saltando entre árboles milenarios que lloraban sueños. Y frente a un mar bravo e intimidante que espumaba el reborde de una playa inmensa, sentí el viento alborotarme el cabello, y su abrazo de hombre apuesto cobijando mi espalda, mientras contemplaba la sonrisa de la luna y el romanticismo que colgaba de su cuerno.

     El hombre de los grandes escenarios crea esa magia con muy poco esfuerzo y no da valor a su talento, pues está en su naturaleza ser así. Y yo, que caigo derretida por su hechizo, no puedo por menos que admirarlo por ello.

     Además, sabiendo que soy una gran devoradora de imaginación, me susurra, como a una niña hambrienta, palabras de fantasía que forman frases enteras de sueños, todas las que necesite para quedar saciada mientras contemplo la gran escena que elaboró para mí. Me dice lo que soy y lo que seré a su lado, y cuánto sentiré y tanto como viviré en esos teatros mágicos que crea para mí. A cambio, en cada ocasión, solo pide mi amor.

     Pero yo conozco el secreto del hombre de los grandes escenarios. Soy una privilegiada que ya ha vivido ese sueño varias veces y, por eso, sé que sus palabras solo son un atrezo más. Nada de lo prometido en esas recónditas escenas se ha cumplido nunca y al final, cuando cae el telón, solo queda realidad.

     Siento lástima por mi admirado hombre de los grandes escenarios, y siento lástima por mí, porque quisiera amarlo, pero él cree que el amor solo es una fantasía.

06/09/2011 02:30. Autor: Tautina #. Cisuras de cristal Hay 5 comentarios.

La princesa desnuda

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      Es notable el poder de la luz. El pequeño cuarto, con tres muebles y una cocina adosada a la esquina, no pasa de ser un cuchitril. Sin embargo, bajo el reflejo radiante de la mañana, es una estancia viva de blancos y azules que huele a café recién hecho y a vainilla.

      Una ventana enorme que muerde el suelo tiene la culpa. Sus portones abiertos dejan entrar sonidos ajenos, retazos de otras vidas que despiertan y de un mundo que nunca habitaré. Apenas puedo verlo por esa ventana enorme que quiere ser balcón pero sé que ese mundo cuyos ecos rebosan hoy en mi cuarto, que despierta allá fuera como un niño ruidoso, no me pertenece.

      Desde mi estancia observo desnuda el trocito de mundo que queda ahí abajo. No sé si alguien me ve, pero sé que nadie me mira y dejo que mi pensamiento, tranquilo, camine por el patio de piedra, por sus esquinas espesas de macetas y flores, bajo la sombra de la parra que lo bordea, por los tejados y calles que lo circundan y que se extienden hasta el horizonte.

      No busco nada, ni pienso demasiado. Inmóvil y contemplativa en esa gran ventana que quiere ser puerta, me siento princesa en mi castillo, dueña y señora de mi destino, soberana anónima de todo aquello que queda a mis pies. Entonces, el deseo se me escapa y vuela libre en pos de un alma diferente que reine junto a mí, que me comprenda, que me sorprenda y que no quede tan lejos.

      A veces, no demasiadas, deseo que unos ojos a mi espalda recorten mi silueta desnuda en esta ventana, desde dentro, desde este cuarto, desde muy cerca de mí.

      A veces, no demasiadas, echo de menos a alguien como tú.

18/08/2011 12:14. Autor: Tautina #. Cisuras de cristal Hay 9 comentarios.


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